Hace
algunos meses os hablaba de la educación como un arma cargada de
futuro. Muchos de los organismos de Naciones Unidas (UNESCO, UNICEF,
etc.) corroboran lo que nosotros conocemos por experiencia directa:
cualquier proceso de desarrollo tiene en la educación uno de sus
motores. Sin una educación de calidad la sociedad no tiene
capacidad de modificar estructuras injustas y generar posibilidades de
vida digna para todos.
Nuestro
trabajo respecto a la educación en Gujerat tiene una doble dirección.
Por una parte, es imprescindible ofrecer educación de calidad a dalits
(descastados) y adivasis (indígenas). Con eso se demuestra a los
grupos que les oprimen y que les niegan sus derechos que ellos son
capaces de sacar provecho a la educación. Además, a través de esa
educación, se forman profesionales preparados que pueden liderar los
procesos sociales para construir una sociedad más justa. La otra
dirección es la de trabajar para conseguir que el gobierno reconozca y
ampare el derecho de los pobres a educarse. Los colegios e
internados de la Iglesia ofrecen educación a más de 20.000 niños y
niñas pobres de Gujerat. A pesar del tremendo esfuerzo, ésa es una
cifra baja si la comparamos con la totalidad de los niños y niñas
pobres que no tienen acceso a educación. Por eso trabajamos para que
los adivasis, los dalits y otras comunidades oprimidas puedan
organizarse y reclamar con éxito sus derechos. Nuestros colegios e
Internados, junto con los centros sociales que trabajan a favor de los
derechos humanos, entre ellos el derecho a la educación, son
herramientas importantes en esa labor.
Nuestro
compromiso con la educación quiere tener estas características.
Creemos que cada persona lleva en su interior un tesoro,
un regalo para toda la humanidad. Pero esos tesoros no brillan cuando
están aislados. Las personas sólo brillamos con todo nuestro esplendor
cuando vivimos en comunidad. La educación tiene sentido cuando
está al servicio de comunidades donde cada uno saca lo mejor de sí.
Queremos que nuestro trabajo sea eficaz para que cada uno pueda
desarrollar lo mejor que lleva dentro. Para ello nos comprometemos a
construir escuelas que sean realmente comunidades educativas.
Javier
Arellano Yanguas, S.J, en Gujerat. Jesuitas en la India (abril
2004) 2-3