Corría
el año 1885. Cinco mujeres trabajadoras de una fábrica
de seda afincada en la zona de Burjasot (Valencia), ven un día al
volver de su labor a unas jóvenes casi niñas, trabajando en el cuidado
de niños pequeños, sin recibir ninguna formación. Estas cinco
mujeres, Rosa Cuñat,
Tomasa Balbastro, Salvadora Cuñat, Ana María Gimeno y Rosa Campos,
se acercan a ellas, y después de su trabajo, se ocupan de darles una educación
humana y doctrina cristiana. Así, fundan el Instituto de
la Santísima Trinidad, las Trinitarias de Valencia, siguiendo la
espiritualidad de san Juan de Mata (1160-1213), fundador de la Orden
Trinitaria, dedicada a la alabanza a la Trinidad y la “redención de
cautivos”. Las Trinitarias de Valencia entendieron que eran
llamadas a la liberación de niños y jóvenes por medio de la
enseñanza de la doctrina cristiana. Su trabajo inicial se desarrola en
las zonas rurales de la huerta.
Pocos años después llega a Ontur (Albacete) Isabel, una
maestra emprendedora, que entra en contacto con las Trinitarias e
ingresa en el Instituto. Conociendo las carencias educativas de esa
zona, a las que no llega el recién creado Ministerio de la Instrucción
Pública, propone fundar en Ontur, su antigua escuela. Gracias a su empeño,
el Colegio de las Trinitarias se abre en 1907, en la calle
de La Florida, con cuatro Hermanas: Sor Estrella, Sor Elena, Sor
Modesta, y la propia Isabel, llamada ahora Madre María de la Santísima
Trinidad. Acogen a los niños pequeños hasta los 6 años, y a
las niñas hasta terminar Primaria.
Les enseñan la ciencia de aquella época: lectura, gramática,
matemáticas, historia y religión.
Las chicas que dejan el colegio siguen acudiendo en los ratos
libres, en los que aprenden a bordar, a coser, a llevar una casa,
tal como entonces se entendía la promoción de la mujer. Las
monjas limpian mocos de los chiquillos, tapan hambre, y dan consuelo en
aquella España pobre y doliente. Cobran 15 céntimos por semana a los
pequeños, y 1 real, a los mayores; los que no pueden pagar, llevan en
la mano un ramo de alfalfa para los animales de las monjas. El colegio
se cierra en 1936, poco antes de la guerra civil.
La
prueba de su labor es que hoy en Ontur las personas de 80 y 90 años
saben leer y escribir. Ellas educaron varias generaciones
de ontureños, a los que enseñaron a vivir, y sobre todo, a conocer la
razón de su propia dignidad: que eran hijos de Dios.

