La palabra “reducción” significaba “comunidad” en
los siglos XVII y XVIII, ya que significaba reunir o congregar en
asentamientos de misión. Las “reducciones” del Paraguay fueron la
obra de los misioneros jesuitas en esa región, en el período de 1606-1767.
Los
franciscanos estaban presentes en aquella región. Ellos fundaron
Asunción, la actual capital de Paraguay, el 15 de agosto de 1537. El
franciscano Luis Bolaños redactó la primera gramática, el primer
diccionario y un libro de oraciones en guaraní.
En
1604 se constituyó la Provincia jesuita del Paraguay, que
comprendía los territorios actuales de Argentina, Chile, Bolivia,
partes de Brasil y Paraguay. Un territorio aproximadamente del tamaño
de Europa occidental.
Su labor fue dificultada por los colonizadores europeos. Los
Paulistas (procedentes de Sâo Paolo), capturaban miles de indios para
venderlos como esclavos. Los “encomenderos“, colonizadores
encargados de las jornadas de trabajo, trataban a los indios como
esclavos. En 1537 el papa Paulo III había condenado la esclavitud.
Los
jesuitas comprendieron que para proteger a los indios había que hacer
comunidades separadas de las zonas colonizadas por europeos. Allí podrían
vivir con libertad y dignidad. Así llegaron a establecer 30 pueblos de
la zona del río Paraná. Las comunidades eran cristianas. Cada indio
tenía su vida privada familiar, y propiedades personales, junto con
bienes comunes. La planificación del pueblo se centraba alrededor de la
gran plaza, con la iglesia y la escuela. Había una casa de resguardo
para huérfanos y viudas, y talleres de piedra y madera.
Las
“reducciones” desaparecieron tras la orden de Carlos III de expulsar
a los jesuitas en 1768, ante la presión de algunos colonizadores
envidiosos. Los restos de sus edificaciones han sido declarados
“patrimonio de la humanidad” por la UNESCO.