30
de 2003
Curas
del siglo XXI
José
Antonio García Carrasco
Diócesis
de Málaga
1.
¿Cómo surgió mi vocación? "Antes de formarte en el vientre
te conocí, antes de que salieras del seno te consagré" (Jr 1,5)
Estas
palabras cambiaron mi vida. Pero ese momento el Señor lo había ido
preparando "como el barro en manos del alfarero" a lo largo de los
años.
Me
alejé pronto de la Iglesia pero nunca perdí la fe. Incluso en momentos
difíciles como la muerte de mis padres esta fe se mantuvo. Tampoco el mundo
donde me movía era el terreno más apropiado. Eso podría pensarse...; sin
embargo, Dios escribe derecho con renglones torcidos. Allí estaba el
fracaso en el instituto de Ronda, los coleguitas del barrio de Madrid, el
paro, la enfermedad de mi madre.. y me quedé solo, con una inquietud
interior que no me dejaba tranquilo. Cambié de ciudad y trabajo. No hallé
lo que buscaba.
Volví
al pueblo a casa de mis padres y en la soledad de aquella casa tuve mucho
tiempo para pensar. Había llegado un cura nuevo ¡y tan nuevo! estaba
recién ordenado, tenía muchas ganas de trabajar y de darse en su
ministerio. Organizó una convivencia y los jóvenes de la parroquia me
invitaron a ir. Fueron tres días inolvidables. Allí encontré a Dios en la
vida, en mi propia historia. Por si esto fuera poco, éramos trece como
Jesús y sus apóstoles, y acabamos la convivencia celebrando una
Eucaristía, leí el texto de la vocación de Jeremías y ya nada fue igual.
Encontré lo que buscaba: a Dios y el sentido de mi vida.
Ahora
tenía que ver dónde y cómo vivir esa llamada del Señor. El cura de mi
pueblo me ayudó a contactar con un encargado de pastoral vocacional para
hacer una experiencia de discernimiento con religiosos en un centro
psiquiátrico. Las casualidades de la vida o las cosas de Dios: coincidí en
el trabajo diario con los enfermos en un grupo donde había tres
seminaristas diocesanos, pronto surgió una buena amistad y me contagiaron
la ilusión del proyecto de ser cura.
Siete
años después me encuentro escribiendo el recuerdo de aquellos momentos, he
llegado a la meta y miro con esperanza hacia el porvenir.
2.
Dificultades y alegrías en mi camino vocacional. las dificultades en
el seguimiento del Señor las encuentro sobre todo en mí (ideas, actitudes
y seguridades nada evangélicas). Por otro lado, se me presentaba un reto,
el fracaso del instituto tenía que convertirlo en una batalla ganada ahora
en los estudios. Había voluntad y motivación; pues, "la suerte futura
de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a
las generaciones venideras razones para vivir y para esperar". Y yo era
el primero que pedía y necesitaba razones de nuestra esperanza.
Y
quizá por mi historia personal, la gran alegría de estos años de
seguimiento ha sido sin duda el descubrimiento del sacramento de la
penitencia. Me ha ayudado a crecer como persona, me ha devuelto la paz y me
hace sentir la alegría de ser hijo de Dios.
Por
último, señalo cuatro experiencias que me han marcado muy
significativamente: los ejercicios espirituales, en los que he tenido una
profunda experiencia de Dios; la vida en el Seminario, mi Seminario de
Málaga, en donde he discernido mi vocación acompañado por una comunidad
fraterna; la pastoral de verano en "Proyecto Hombre", que me hizo
ver la Esperanza en los rostros de aquellos muchachos; y el trabajo en una
casa de acogida de enfermos de S.I.D.A. junto a las Hijas de la Caridad,
donde comprendí la frase de san Vicente de Paúl: "sólo por tu amor,
por tu amor únicamente, te perdonarán los Pobres el pan que tú les
das".
3.
¿Para qué quiero ser sacerdote? Nunca pensé en ser cura. La semilla
estaba en mí, pero sin aquel sacerdote joven que me habló de Jesús, sin
el encuentro con aquellos seminaristas... la semilla se habría quedado en
fruto seco. Entonces, ¿por qué ser cura? Por vocación.
Y
así llegue al Seminario cargado de buenas intenciones y me voy de él lleno
de buenas razones. En el frontal de nuestra capilla hay una frase escrita:
"Pastor Bone fac nos bonos pastores animas pro ovibus ponere promptos"
(Pastor Bueno haznos buenos pastores dispuestos a dar nuestras vidas por los
"hombres") no sé si es de tanto rezar frente a ella que la llevo
grabada en el corazón y al Señor le pido cada día que me haga capaz de
vivirla. Esta es la razón de para qué quiero ser cura: para vivir lo que
llevo en el corazón.
Ese
es también "el sueño" de mi ministerio presbiteral. Ser un cura
cercano a la problemática del mundo, compartiendo las alegrías y las
tristezas de aquellos a los que sirve. Un hombre de comunión ante la rica
realidad de movimientos en la Iglesia de Málaga. Un sacerdote que es un
evangelio vivo con pies de cura; un hombre enamorado de Cristo, dispuesto a
reflejar en su vida las actitudes y sentimientos de Jesucristo Buen Pastor.
4.
Texto como lema de mi vida. "Doy gracias a nuestro
Señor Jesucristo, que me hizo capaz, se fió de mí y me tomó a su
servicio" (1 Tim 1,12)
El
recuerdo de mi vocación es un recuerdo agradecido porque el Señor se fijó
en mí y me escuchó cuando más lo necesitaba, me hizo experimentar su
salvación y su fuerza, y me ha llamado a trabajar con él y como él en
este ministerio.
Espero
que mi vida sacerdotal sea una acción de gracias en lo concreto y cotidiano
de una existencia puesta al servicio de los demás y pueda cantar cada día
junto a María el "Magníficat".
Curas
del 2000. Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y
Universidades (Madrid 2000), p. 92-94