La Iglesia y la humanidad acaban de estrenar
un nuevo milenio, lleno de desafíos apasionantes. Ser cura en el siglo
XXI es una de las aventuras más extraordinarias que puede vivir hoy una
persona: ser hombre de Dios y testigo de Cristo, y al mismo tiempo
compañero de camino de la humanidad.
Todas las vidas humanas son parecidas, y al
mismo tiempo ninguna se repite. En cada uno de nosotros Dios ha creado una
historia nueva, pero a todos Dios nos llama a la misma santidad. Un
joven de hoy que ha descubierto su llamada al sacerdocio vive una historia
irrepetible, apasionante, llena de acontecimientos que le marcan para
siempre, de personas que han estado a su lado en el momento justo y le han
dicho la palabra adecuada, de momentos de duda, de cansancio y de volver a
empezar. A través de todo esto descubre una certeza que se convierte en
el centro de su vida: Dios quiere que sea sacerdote.
En esta sección presentamos historias de
vocaciones sacerdotales de jóvenes de hoy. Casi todas las cuentan ellos
mismos. Detrás de cada palabra hay mucha vida. A través de ellas
descubrimos personas de carne y hueso. Los curas no son "supermanes";
todos somos de "barro", y los curas, de
"barro-barro". Pero por su vida ha pasado Dios, y en todos
ellos ha dejado su "tarjeta de visita".
Que las leamos con cariño, dándole
gracias a Dios por estas vidas, rezando por ellos, dejándonos impactar
por estas historias. Y ojalá que si
alguna persona joven las lee, se pregunte: "Si ellos han llegado a
ser curas, ¿por qué yo no?". No es tan raro que alguien piense
"Quiero ser sacerdote, quiero ser cura". Si Dios le da el regalo de la
vocación sacerdotal y responde que sí, vivirá la experiencia única de
ser cura del siglo XXI