¿Cómo ama un sacerdote?

3de 2003

Curas del siglo XXI
          

Querido amigo: (...)

¿Cómo ama un sacerdote? Es difícil explicarlo. Puedo hablarte de las personas concretas que están a mi lado, de sus ilusiones, de sus proyectos, de sus dificultades. Las conozco y las quiero. Sé de sus momentos de entusiasmo y hemos compartido otros más complicados. Sin más objetivo que descubran que Dios las quiere personalmente y las quiere tal y como son, que confía en cada una, que experimenten que existen más motivos para la sonrisa que para el desaliento, más posibilidades que límites, más rosas que espinas.

Es un amor vivido en la responsabilidad, porque hay que trabajar y estar disponible siempre y para todos, y "quitarse el reloj" y entregarse en cada momento, y volver a entregarse de nuevo: como si cada persona fuera -y lo es- la más importante, cada Eucaristía la primera, cada celebración del perdón la mejor alabanza al Dios de la vida, cada palabra el mismo Jesús que se acerca y habla al oído y al corazón. Todo, expresado en gestos concretos, porque el amor se expresa en signos: la disponibilidad, el perdón, la sonrisa, la esperanza, la ilusión, la fe, la cercanía, la acogida..., ¿no son acaso signos de amor?

            No hace falta más. Dios puede llenar toda una vida. Además, cuanto uno más se entrega a él y a los demás, más recibe. Recuerdo que a mis 17 años, cuando me comenzaba a plantear el “ser cura”, leí la oración de Michel Quoist, que hablaba de la soledad del domingo por la tarde del sacerdote. Y me dejó un poco confuso. ¡Soledad...! Con el paso de los años debo decir que nunca me he sentido solo, ni aun en los largos años de estudio en el silencio de la habitación o de la biblioteca. Como dijo un santo: “Por vosotros estudio, por vosotros me esfuerzo, por vosotros trabajo”.

         Te refieres en tu carta a cómo los sacerdotes hemos de dejar un trozo de corazón en cada sitio por donde estamos, y debe costar lo suyo cambiar a otro sitio. Hay algo de verdad en todo eso. Pero no lo es menos que la actitud de “tener preparada la mochila” te mete de lleno en la aventura de amar sin condiciones y universalmente.

Tal vez no estoy respondiendo a tu pregunta, no a la que me hiciste, sino a la que tú te haces. He dicho aventura, sí, pero de amor y para siempre. Cuando celebra la primera eucaristía pediré por ti y por tantos otros que buscan., confían, dudan y, al final, se entregan. ¿Por qué no hacer de nuestra vida un constante Jueves Santo?

Con afecto,

Un  “próximo cura”

(Luis J. Molina, Misión Joven, abril de 1999)

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Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

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5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005