Un sembrador: Rafael Ruiz Mateos

Curas del siglo XXI
          

Hablamos con un sembrador: Rafael Ruiz Mateos, su ordenación sacerdotal

Tenemos un nuevo misacantano hijo del pueblo, el cuarto en cuatro años. Rafael Ruiz Mateos, de 26 años, fue ordenado sacerdote por nuestro obispo don Rafael Torija el pasado 1 de junio, en la Catedral de Ciudad Real. Y su primera misa celebrada como presbítero fue en nuestro pueblo, el suyo, Villahermosa, al día siguiente, domingo día del Corpus Christi.

Rafa nació en Valdepeñas, como casi todos los niños de su edad por aquellos entonces, un 10 de enero de 1976. Sus padres, Juan Pedro y Felicidad, eran hombres del campo, y como tal Rafa se crió entre tractores, arados o remolques que servían tanto para recoger la mies como para dormir en la fiesta de la Virgen, celebración a la que también se ha sentido muy vinculado nuestro paisano. Ayudó a vendimiar, a recoger la simiente de las siegas, y en muchas ocasiones condujo el tractor de su padre. Creció y jugó junto a los chiquillos de su calle, su escuela y su pueblo, dando pie a una inmensidad de anécdotas sobre sus travesuras que si nos ponemos a decirlas no pararíamos de contarlas. Pero pronto se decidió a marchar a Ciudad Real, para cursar sexto curso ya en el Seminario, cuando por entonces era párroco don Luis Sevilla.

Su etapa en el Seminario ha sido larga, hasta hoy día. Allí terminó la EGB, hizo el BUP y COU, un curso de Fundamentación y seis años de Teología, catorce en total. Sin embargo no faltaba a sus citas con sus raíces: Semana Santa, la Fiesta de la Virgen y el verano lo pasó casi siempre en su pueblo. Estuvo realizando su pastoral en Tomelloso, en Ciudad Real y el año pasado hasta hoy lo hizo en La Solana y en Alhambra. Finalmente el pasado 16 de marzo dio un primer paso hacia el sacerdocio, el diaconado, y el 1 de junio llegó su gran gozo al ser ordenado cura.

Pero si bien todo este trayecto desde niño fue feliz y dentro de un ambiente sano, los últimos meses han sido especialmente duros para él. La enfermedad de su padre Juan Pedro y su muerte el pasado 29 de abril (un mes después de ser ordenado diácono, y un mes antes de convertirse en sacerdote) ha opacado sin duda toda la ilusión con la que la familia entera vivía y esperaba estos momentos. Momentos duros de los que sin duda también, y a pesar de los mismos, Rafa ha sabido sacar sus partes de esperanza. Y es que su encuentro personal con Cristo se ha impuesto sobre la muerte. En Jeremías se puede leer: "Cambiaré su duelo en alborozo, y los consolaré, y los alegraré después de su dolor". Por ello, su ordenación del 1 de junio estuvo llena de emociones y alegrías, y de recuerdos obligados. Más de 121 sacerdotes estuvieron en la Misa junto a Rafa y a otros tres compañeros que recibieron su mismo sacramento, así como a seis más que eran ordenados diáconos. Entre los sacerdotes pudimos ver al Padre Pedro, quien le impuso en un momento de la solemne ceremonia la casulla, a antiguos párrocos como don Luis Sevilla o don Edmundo, a paisanos como don Rafael, don Luis Gallego, don Pedro, don Alejandro, don José Jimeno, y los más jóvenes Juanpe y Amador. Fue algo extraordinario, maravilloso, con una Catedral a rebosar de fieles entre amigos y familiares, donde las notas imponentes del órgano ponían el vello de punta. Rafael no cabía de satisfacción, se notaba su felicidad, y no era para menos, claro está, había conseguido decir "sí" al Padre, porque dedicarse a ayudar a otros llena mucho. Aquella misma tarde, los amigos de Rafael colocaron la bandera en lo alto de la torre de nuestra parroquia que simboliza el nacimiento de un nuevo sacerdote en el pueblo, cruz y bandera que ocupan el vano del campanario correspondiente a la zona en la que vive el nuevo cura, en ese caso hacia la zona del cuartel.

Y al día siguiente, en Villahermosa, a las once, celebró como sacerdote su primera misa, a la que asistieron todos aquellos paisanos que querían darle la enhorabuena a Rafa, por el camino que ha emprendido, de dedicación expresa y única a los demás, una dedicación que se le devolverá en forma de satisfacción. Sus amigos de siempre realizaron las lecturas y su madre, su hermano y tíos le entregaron las ofrendas, mientras, el coro puso música de guitarra a la celebración. En su primera homilía como presbítero apostó por la sencillez y la honestidad como base imprescindible para vivir en felicidad, así como la aceptación de Cristo que renueve una cierta pérdida de valores morales.

Finalmente, Rafael participó en la procesión del Corpus portando la Custodia, a cuyo término fue saludado inmensamente por todos sus paisanos, muchos, que le felicitaron al igual que nuestro periódico y sus redactores se suman a la congratulación. Un fuerte aplauso muy constante puso punto final a todo, tras leer el Padre Pedro la bendición papal a Rafael Ruiz, y que él mismo no se esperaba. La nota incluso de color la puso nuestro párroco cuando anunció a los fieles que habría una invitación para todos en el "Tomás de Salón", aunque rectificó diciendo que sería en el Salón de Tomás.

Tras esta pequeña información sobre Rafa y los acontecimientos que han rodeado su ordenación le hemos preguntado algunas cuestiones que nos parecen de interés conocer de él. Encontraremos un hombre de gran fortaleza, de enorme madurez para con Cristo. Por otra parte nos complace anunciar que durante los meses de julio y agosto hará las funciones de párroco en nuestra parroquia, hasta que reciba su destino final.

EL SANTUARIO: La primera pregunta, Rafa, es obligada: ¿qué sientes en estos momentos en que te estrenas como sacerdote?

RAFAEL RUÍZ: No me lo acabo de creer. Es algo tan maravilloso que me desborda por completo. El sentimiento de que todo es gracia; aunque haya estado 14 años en el Seminario y otro año de pastoral en La Solana y Alhambra, no tengo la sensación de haber conseguido esto debido a mi esfuerzo, sino por gracia. La noche antes de la ordenación estuvimos hablando los cuatro que al día siguiente íbamos a ser ordenados de presbíteros y a todos nos afloraba a la conciencia la idea de que no éramos dignos de recibir tan gran regalo: nadie merece, ni tiene derecho a recibir este sacramento, es puro don. Por otro lado, tengo una sensación tan hermosa al celebrar la Eucaristía, al hacer presente para los demás el Cordero de Dios, que es inenarrable. Tan es así que se convierte en la mayor frustración cuando he celebrado la Eucaristía en alguna boda y veo que a nadie de los presentes le importa lo que allí en el altar está aconteciendo.

E.S. Tu trayectoria en este camino hacia el sacerdocio comenzó cuando tenías 11 años, ¿qué fue lo que te llevó a irte al seminario con esa edad?

R.R. En Villahermosa siempre ha sido normal que un chico marchase al Seminario. Quizá este aprecio a la vida del Seminario, esta normalidad ha estado en el sustrato de mi vocación. Al recibir la primera comunión me apunté a monaguillo. La convivencia con don Luis, su modo de vivir, era algo que me llamaba la atención. Por otro lado, tenía yo una gran amistad con Amador, que ya estaba en el Seminario y que no dejaba de animarme. También fue casualidad (¿) que Óscar (RUVA) y José Julián el de la Fidela querían ir al Seminario. Todo aquello me ilusionó y decidí irme al Seminario. Al principio mis padres no lo venían muy claro -sobre todo por mi edad: tenía 11 años- pero hablaron con don Luis y ellos me dejaron marchar. Mis padres nunca han querido presionar mi libertad. Yo sabía que a ellos les hacía ilusión que yo llegase a ser sacerdote, pero ellos nunca me lo decían para que no me sintiese presionado; tan es así que cuando llevaba 7 años en el Seminario y estaba pasando un mal momento, mi madre me dijo que si tenía que abandonar el Seminario no pasaba nada. Mis padres nunca han querido ser protagonistas en mi vida y por eso  mismo son protagonistas en el drama de vida.

E.S. Sabemos que la estancia es dura en el sentido de las veces que uno se puede llegar a plantear allí si seguir con el camino iniciado o no, todos somos humanos. ¿Has tenido momentos difíciles en este aspecto?, ¿cómo los has resuelto?

R.R. El Seminario es un lugar, que a pesar de la disciplina (es necesaria no sólo para salvaguardar la convivencia, sino para estructurar a la persona) es un lugar en el que se cultiva la libertad interior en la que uno ha de crecer. Donde hay libertad abierta a la presencia de Dios, hay vida, hay historia. Por esa misma libertad que fomenta el Seminario, hay muchos que planteando su vida a la luz de Dios abandonan, porque descubren que el sacerdocio no es lo que le está pidiendo Dios. Este diálogo entre la libertad de Dios y la de la persona se produce en todas las etapas de la vida; en cada etapa con un nivel de conciencia distinta, pero se da. Por eso uno a través de los acontecimientos que vive en cada edad va discerniendo lo que Dios le ofrece. En mi caso, tuve un problema serio a la hora de plantearme la orientación de Bachillerato: ¿"ciencias" o "letras"? Para mí era mucho más atractiva la primera opción, en ella brillaba, en la otra me atascaba: en el Seminario la preparación era en humanidades. Dos años más tarde descubrí de un modo nuevo a la mujer, y comenzaron los enamoramientos, el flirteo... Ya en los estudios de teología, el problema del celibato adquiere nuevas dimensiones: uno se pregunta por la soledad, por la imposibilidad de tener hijos propios. Surge el problema de fondo: el sentido de mi vida. Pero todo esto, incluso el propio pecado, uno lo vive desde Dios, y se enfrenta a Él cara a caa, y se lucha. Pero no es cuestión de solo voluntad, sino de atisbar lo que Dios quiere. Todo eso va tejiendo una historia vivida intensamente, sin obsesión, pero sin evadirse, sino afrontando con hombría el momento, decidiendo.

E.S. El momento cumbre de todos estos años y vivencias personales fue para ti un gozo. La ordenación como presbítero el pasado 1 de junio supone iniciar un camino que si bien está lleno de innumerables apoyos (como comprobamos en la Catedral ese día y el domingo 2 en nuestra parroquia), es un camino también muy difícil, es una tarea que ha de contentar a toda una Comunidad, ¿sientes miedo de enfrentarte a ello?

R.R. Yo no tengo miedo a lo que Dios me vaya pidiendo, no tengo miedo a quedarme solo; el Evangelio del domingo 23 de junio lo repetía hasta la saciedad: "No tengáis miedo a los hombres". Y uno sabe que los auténticos profetas son lapidados en Jerusalén. Mi único temor es separarme de Aquel que me llamó, me ha dado un Nombre y una Misión. La Iglesia jamás podrá caminar por los pasos que marca el mundo. Los que piden que la Iglesia se modernice o se adapte -ya sean no creyentes o creyentes- lo que están pidiendo es que desaparezca la Iglesia. Si la Iglesia sigue los pasos de los intereses del mundo ya no es la Iglesia fundada por nuestro Señor Jesucristo, en todo caso es un club de amigos de los valores de Jesús. La Iglesia está en el mundo para sorprenderlo. Y qué lástima que la Iglesia no dé más escándalos de este tipo.

E.S. Quizá la experiencia más difícil y triste ha sido la muerte de tu padre, que se ha visto mezclada con momentos alegres y gozo a su vez, ¿qué has podido sacar de esta tu experiencia personal?

R.R. El día 9 de enero fui por la mañana al Seminario a solicitar la ordenación de Diácono; ese mismo día por la noche, estando con un inmigrante en el ropero de Cáritas de La Solana, recibo una llamada de mi madre diciéndome que al día siguiente iban a ingresar a mi padre en Valdepeñas para hacerle unas pruebas. Ese día comenzaron dos historias aparentemente paralelas por su contenido, pero unificadas en mi persona, en la de mi padre, en la de mi hermano y en la de mi madre. Cuando la paternidad de mi padre llegaba a su ocaso, amanecía mi paternidad sacerdotal. He recibido el regalo más esperado de toda mi vida con lágrimas en los ojos. "A llorar aprenda quien toma oficio de padre", gustaba decir San Juan de Ávila a los sacerdotes. En la misma entraña del dolor y del sufrimiento he recibido el don de Dios. Allí en el hospital de Toledo mantuve una pelea con Dios, como Jacob, pidiendo que me revelase mi nombre, el porqué de este cruce de caminos en mi historia personal. Mi padre terminó su misión de engendrarme desde su cama moribundo. Los acontecimientos que he vivido permanecen en las entrañas del Buen Pastor: cada día reclino mi cabeza sobre el pecho de Jesús para escuchar el latido del corazón donde todos vivimos.

E.S. Quisiéramos finalmente que a través del periódico enviaras un mensaje a todos los calduchos, desde tu nueva situación como sacerdote, así como cualquier aspecto que quieras añadir.

R.R. Gracias de corazón por vuestro apoyo, oración y testimonio cristiano, por las múltiples pruebas de cariño que habéis mostrado para con mi padre y mi familia. Gracias por apreciar las vidas calladas y escondidas. Gracias porque sabéis valorar el sacerdocio. Gracias.

E.S. Gracias a ti Rafael y muchas felicidades, y también mucha suerte. Nos llama la atención tu sencillez, compostura y paciencia, y por ello te deseamos que en tu senda nueva encuentres y siembres muchos campos de mies, muchos trigales. Que la cosecha te sea buena. Felicidades.

Emilio J. García

Publicado en "El Santuario" (Junio 2002), periódico local de Villahermosa (Ciudad Real)

Villahermosa da un nuevo cura: Rafael

 

 

 

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Actualizado: 10 de junio de 2005