John Regan: "¿Qué necesita Dios que sea yo?"

19 de enero de 2003

Curas del siglo XXI
          

“¿Qué quiero hacer con mi vida? Cuando hice esta pregunta al entrar en la Universidad de Notre Dame, dos cosas me vinieron a la mente. Siempre se me habían dado bien las matemáticas y sentía que podía ayudar a otros a que se les dieran bien las matemáticas, por tanto, pensé en ser profesor de matemáticas. Y también pensé que si quería hacer más dinero, debía trabajar en el negocio de los ordenadores. Por tanto, me esforcé y saqué un título en matemáticas e informática.

Dios, sin embargo, me tocó el corazón con una pregunta diferente durante mi segundo año en la universidad. Me di cuenta qué poco era para mí pensar que la vida giraba toda en torno a mí y a mis necesidades. La cuestión más importante de todas en relación con mi vida, y a la que tenía que responder, era: “¿Qué necesita Dios que sea yo?”. Esta realmente es la cuestión vocacional. Algunas cosas me ayudaron a responder a esta pregunta. Me eduqué en Peotone, y yo era el menor de cuatro hermanos. Fui a escuelas públicas al cursar la secundaria. La fe y formar parte de la iglesia, sin embargo, eran muy importantes para mí. Mi familia vivía la fe de tal forma que me estimuló y dio sentido a mi vida. Ellos proporcionaron la atmósfera en la que pude escuchar la llamada de Dios. Tuve también la oportunidad de ayudar en la iglesia. Ayudaba y leía en Misa, fui ministro de la eucaristía, y ayudaba en la catequesis, planificaba las Misas, e incluso ayudaba en casa a niños minusválidos. Cuando empecé a pensar en estas experiencias, me di cuenta que encontraba más alegría y felicidad en amar y servir a los demás que cuando me veía a mí mismo trabajando de 40 a 60 horas a la semana en un negocio o enseñando en un aula.

También fui invitado al sacerdocio. Mi párroco me lo mencionó cuando yo estaba terminando la secundaria: “John, su tú piensas en ser sacerdote, creo que lo harías bien”. Esto fue todo, nada más. Dije como muchos diecisieteañeros suelen decir: “¡Gracias, padre, pero no. Gracias! Sé lo que quiero hacer con mi vida. Sé lo que quiero estudiar y donde quiero ir”. Estaba saliendo con una chica y sentía que el sacerdocio no era para mí. Sin embargo, se sembró una semilla, y salió pocos años después cuando en la universidad la pregunta me vino: “¿Qué quiere Dios que sea yo?”. Después de luchar con Dios en la oración y hablar con algunos sacerdotes y amigos, supe en mi corazón que necesitaba darle a Dios una oportunidad y mirar seriamente al sacerdocio. Entré en el seminario de Mundelein en 1985, y fui ordenado por el obispo Imesch para la Diócesis de Joliet (Illinois) en 1989.

El sacerdocio es una vida alegre y llena de sentido para mí. No me puedo imaginar una vida que pueda darme más felicidad. Disfruto especialmente de los momentos en que pudeo celebrar a Cristo presente en nuestras vidas por los sacramentos y la amistad cristiana. Es un privilegio para mí trabajar como director diocesano de vocaciones, ayudar a la gente a decir que “sí” a Dios con sus vidas y en responder a la pregunta: “¿Qué necesita  Dios que sea yo?”

Página del Padre John Regan

 

 

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