16
de 2003
Curas
del siglo XXI
Valeriano
Martínez Alcaraz
Diócesis
de Cartagena
1.
¿Cómo surgió mi vocación? Siempre tenemos idea de que Dios cuando
actúa, lo hace por medio de grandes signos, o que cuando un joven decide
seguir el camino de ser cura es porque en su vida le ha ocurrido algo
extraordinario. Y sí que ha ocurrido algo extraordinario, pero sin nada del
otro mundo. Dios cuando llama a alguien para seguirle por el camino del
sacerdocio, se sirve de los medios más sencillos y de las cosas que menos
importancia les damos.
En
mi caso, yo no tuve ninguna aparición de ángeles ni nada por el estilo.
Nací en el seno de una familia cristiana que de forma muy sencilla me
transmitió la fe, me enseñó a llamar a Dios, Padre y a Jesús, amigo. De
niño fui monaguillo en mi parroquia y fue de esta forma, en el trato
cercano con mi párroco, donde de manera muy tenue empezó a llamarme la
atención eso de ser cura. Un día mi cura me hizo una pregunta: "¿has
pensado ser cura?". A mí esto me decía y no me decía, pero le fui
dando vueltas. La verdad es que me llamaba la atención su forma de vivir,
siempre entregado a los demás y como esta entrega sin nada a cambio, le
llenaba de felicidad. A mí en cambio me daba miedo dar el paso y decidirme.
Al
terminar la EGB, otra vez la misma pregunta, y dije "voy a probar"
y entré en el seminario menor. Y ha sido en el seminario (menor y mayor)
donde se ha ido aclarando y afianzando mi vocación. Donde por medio de
cosas pequeñas, he experimentado la llamada de un Dios tan grande que me
quiere para esta misión. Donde día a día me he ido enamorando cada vez
más de Jesús y de su Iglesia.
2.
Dificultades y alegrías en mi camino vocacional. Conforme he ido
creciendo y teniendo más claro qué es esto de ser cura, surgen algunas
dificultades. Me fui dando cuenta que me sentía llamado para una misión
que, por decirlo de alguna forma, me desbordaba. Y me hacía la pregunta
¿por qué a mí y no a otro? Iba conociéndome cada vez más y descubría
mis limitaciones, me cuestionaba si yo sería capaz de llevar esta misión
adelante: en una palabra me daba miedo. Decir sí a esta llamada era decir a
la vez no a otras muchas llamadas que se me ofrecían. El coger este camino
suponía dejar otros. Pero por medio de acontecimientos, experiencias, la
oración, y el hablar con los compañeros y amigos curas, veía que Dios me
llamaba, me quería para ser cura. Él ya sabía en quien se había fijado.
Me ha ayudado también mucho reflexionar y orar con las vocaciones que
aparecen en la Biblia (Moisés, Jeremías, Pedro, etc....).
He
vivido también muchas alegrías en el proceso de formación y en
seguimiento a Jesús por este camino. Serían un montón para contarlas.
Pero sí puedo decir que he experimentado aquella felicidad de mi cura, que
me llamó la atención entregarte a los demás sin esperar nada a cambio.
Que yo sólo di un sí, y a mí se me ha dado el ciento por uno.
3.
¿Para qué quiero ser sacerdote? La razón fundamental por la que
quiero ser cura es por Jesús. Porque se ha hecho presente en mi vida, me ha
llenado tanto, me ha enamorado de tal forma que le he dicho que sí con todo
lo que soy y todo lo que tengo. Y esto para seguir haciéndole presente en
medio de este mundo que me ha tocado vivir.
Voy
a ser cura en el nuevo milenio, y esto me ilusiona y me llena de alegría,
porque en un tiempo donde parece que Dios sólo se ha quedado para el uso
privado, para los de dentro, Él quiere seguir estando presente en el mundo,
quiere seguir llegando al hombre para llenar su corazón de felicidad y
esperanza.
Y
también anunciar, que en este nuevo milenio, Jesucristo y su mensaje
no han pasado, sigue siendo actual. Pararte a reflexionar esto y ser
consciente que porque Él ha querido, porque le ha dado la gana, me ha
elegido para seguir haciéndole presente en el siglo XXI y entregar mi vida,
sirviendo a Dios y a los hombres de este tiempo, me llena de ilusión y de
alegría para decirle que "¡¡sí Señor, yo también!!".
4.
Texto como lema de mi vida. Me ha llamado siempre la atención y
he intentado siempre vivirlo, un comentario que hace san Agustín a Jn
21,26: "¿Qué otra cosa quiere decir 'me amas, apacienta mis
ovejas' sino que, si me amas, apacientes mis ovejas no como tuyas sino como
mías, buscando en ellas mis intereses y no los tuyos?". Este texto
quisiera que fuera el lema de mi ministerio de cura. Quiero hacer realidad
en mi vida de pastor este comentario. De esta manera viviré de tal forma,
que dejaré a Dios ser el protagonista y no yo, y no seré obstáculo para
que la gente con la que voy a caminar pueda encontrarse con el Padre. Esto
junto a Mt 10,8: "Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis".
Se me ha dado mucho, pero no para guardármelo sino para darlo a los
demás, y así puedan sentir la misma dicha que yo siento.
A
meses de ordenarme puedo decir convencido: "Aquí estoy Señor,
llévame donde quieras, porque Tú, que me has elegido, no me dejarás"
Curas
del 2000. Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y
Universidades (Madrid 2000), p. 40-42.