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Curas
del siglo XXI
Juan
Pablo II recibió el pasado 1 de marzo a los seminaristas de Roma y sus
familias. En medio de una celebración entrañable, el Papa improvisó
unas palabras al final del discurso, recordando sus tiempos de seminarista
en la Cracovia invadida por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Aquí están sus palabras:
Antes
de concluir este discurso, quisiera volver a hablaros de mi seminario. Era
un seminario clandestino. Durante la guerra, con la ocupación nazi
de Polonia y de Cracovia, habían sido cerrados todos los seminarios. El
cardenal Sapieha, mi obispo de Cracovia, había organizado un seminario clandestino
y yo pertenecía a ese seminario clandestino, que podríamos llamar de
catacumbas. Mi experiencia está vinculada sobre todo a ese seminario. Y
tanto más cuanto que hoy hemos recordado a sor Faustina. Sor Faustina vivió
y ahora está sepultada cerca de Cracovia, en una localidad que se llama
Lagiewniki. Precisamente junto a Lagiewniki estaba la fábrica química de
la Solvay, donde yo trabajé como obrero durante los cuatro años de la
guerra y de la ocupación nazi. En aquellos tiempos, cuando era obrero, no
podía imaginar que un día, como obispo de Roma, hablaría de aquella
experiencia a los seminaristas romanos.
Aquella experiencia de obrero y, al mismo tiempo, de seminarista clandestino
ha marcado toda mi vida. A la fábrica me llevaba algunos libros, para leer
durante mi turno de ocho horas, tanto de día como de noche. Mis compañeros
obreros se sorprendían un poco, pero no se escandalizaban.
Más aún, me decían: "Te ayudaremos; puedes incluso descansar y
nosotros, en tu lugar, trataremos de vigilar". Y así pude hacer también
los exámenes ante mis profesores. Todo en la clandestinidad: filosofía,
metafísica... Estudié la metafísica por mi cuenta, y trataba de entender
sus categorías. Y entendí. Sin la ayuda de los profesores, entendí.
Además de superar el examen, pude constatar que la metafísica, la filosofía
cristiana, me daba una nueva visión del mundo, una visión más profunda de
la realidad. Anteriormente había hecho sólo estudios humanísticos, de
literatura, de lengua. Con la metafísica y con la filosofía encontré la
clave para comprender a fondo el mundo. Una comprensión más profunda, podría
decir, última.
Tal vez habría otras cosas que recordar, pero, por desgracia, no podemos
alargarnos demasiado. Con todo, quería decir esto, que me vino a la mente
durante la ejecución musical del oratorio: "Tú que fuiste
seminarista clandestino debes hablar a los seminaristas de Roma de
aquellos días, de aquella experiencia". Doy gracias al Señor porque
me dio esa experiencia extraordinaria y me ha permitido también hablar de
esa experiencia del seminario clandestino, de catacumbas, a los
seminaristas de Roma, después de más de cincuenta años. Y creo que esto
es también un hermoso homenaje a la Virgen de la Confianza, porque durante
todos esos años clandestinos se vivía también gracias a esta
confianza, la confianza en Dios y en su Madre. Aprendí la confianza en la
Virgen santísima, que es la patrona de vuestro seminario. Aprendí a tener
confianza sobre todo durante los terribles años de la guerra y de la
clandestinidad.
Muchas gracias.