Cuando toca reñir a los hijos

2 noviembre 2003

Todo queda en familia

Por mucha paciencia que se tenga, por muchas buenas palabras que se empleen, antes o después llega el ineludible deber de corregir a los hijos. Y cuando toca, hay que hacerlo. No hacerlo, es una grave irresponsabilidad.

Los chavales suelen ser un poco sordos. De eso ya nos habremos dado cuenta. Por eso no es raro que se olviden de las cosas, o que una corrección termine cansándonos a nosotros más que a ellos. ¿Qué hacer?

En primer lugar, no es bueno que el hijo se sienta siempre “controlado”. Necesita cierta autonomía para sentirse responsable. Tampoco es bueno repetir siempre las cosas varias veces, porque lo único que logramos es que, como sabe que se lo van a repetir, cada día tarde más en hacer las cosas y, en la mayoría de los casos, ni siquiera lo haga. No es educativo, por ejemplo, llamarle 25 veces para que le dé la gana de levantarse de la cama. la última diez minutos antes de que toquen el timbre de entrada a clase. Se le llama una vez nada más, a la hora en que de verdad se tiene que levantar. Cuando llegue tres días con la puerta cerrada, procurará levantarse solo.

Cuando llegue el momento de la regañina, hay que saber escoger el momento. Mucho mejor a solas, nunca delante de sus amigos, “para que vean lo desordenado que eres”.

Dicen también que es conveniente sacar todo el buen humor que podamos tener en esos críticos momentos. Sobre todo por no dar la impresión de que no estamos corrigiendo un defecto suyo, sino descargando con ellos un disgusto personal o una rabieta del trabajo.

Es muy, pero que muy conveniente, que el padre y la madre estén de acuerdo. En casa, las normas tienen que sonar “en estéreo”, por los dos “altavoces”, el padre y la madre.

No es bueno agobiarlo, recordándole todos los días que es un perezoso. Si le acusamos siempre del mismo defecto, acabará por creer que, efectivamente, es un desastre.

Cada hijo tiene su propia personalidad. Es justo tratar de forma desigual a los que son desiguales. Y sobre todo, compararle con su hermano mayor, no le beneficia nada.

No prejuzguemos a nuestro hijo. Démosle siempre oportunidad de explicarse. Que no es lo mismo que echar una mentira o una excusa tonta. Pero siempre debemos dejarle una salida airosa.

 

 

 

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Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

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5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005