De 7 a 12 años: tiempo de sembrar

28 diciembre 2003

Todo queda en familia

 

En cierto modo, que los hijos salgan “derechos” es una lotería. Pero hay que echarle a esta lotería. Una etapa de la vida va preparando la siguiente. Una infancia bien encauzada prepara una adolescencia bien encauzada. De los 7 a los 12 años los críos pasan por un período de equilibrio, en el que es fácil adquirir hábitos. Los especialistas dicen que esta edad es la “edad de oro” de la educación.

Los psicólogos hablan de “períodos sensitivos”, como de momentos en los que el aprendizaje de algo se realiza de forma natural y fácil, dejando una huella fuerte en la personalidad. Los períodos sensitivos suceden una vez en la vida, y desaparecen a los 20 años. Hasta los 12 años tienen lugar el 80% de los períodos sensitivos. Es la época de aprender hábitos de estudio, de generosidad, de reciedumbre y fortaleza, de responsabilidad. Un chaval que a los 12 años no tiene hábitos de estudio es muy difícil que los tenga en el futuro. Por eso, merece la pena cuidar su educación en esta edad.

 

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PERIODOS SENSITIVOS

SINCERIDAD.- El periodo sensitivo de la sinceridad se vive entre los tres y los nueve años; a partir de los siete como  una consecuencia de la justicia: saben que deben decir la verdad sin necesidad de haber recibido clases especiales. Al llegar al uso de razón comienzan a comprender el valor moral de la verdad y son capaces de esforzarse por vivirla, aunque a veces les cuesta. Por la parte positiva de su naturaleza, tienden a ser sinceros, pero cuando no se fomenta esta costumbre, pueden descubrir las grandes ventajas de saber mentir. La virtud de la sinceridad es básica en la adolescencia y, por ello, deben vivirla desde pequeños y conocer su valor.

ESTUDIO.- El niño de siete a doce años está predispuesto a estudiar viviendo periodos sensitivos que le ayudan: el afán de aprender y la tendencia a la curiosidad. Saber cosas nuevas le apasiona, descubrir la naturaleza, la vida de las plantas y los animales... Les gusta destacar, sobresalir y son capaces de luchar por ser los mejores. Por otra parte, los problemas familiares o ser rechazado por un grupo de amigos pueden ocasionar reacciones contrarias al estudio. Cuando un niño de siete a doce años no estudia, se debe pensar que existe un problema y la forma directa de que se recupere es descubrirlo cuanto antes. Los periodos sensitivos que está viviendo juegan a nuestro favor y en general con amor, motivaciones positivas y paciencia se puede corregir el problema.

GENEROSIDAD.- El periodo sensitivo de la generosidad se vive entre los siete y los once años. Sin duda en estas edades, los niños experimentan el impuso de ser generosos, prestar servicios y ayudar. El valor de la generosidad es muy difícil de aprender objetivamente por otros, pues depende más del esfuerzo y de los motivos internos de la persona que entrega, que del acto exterior que podemos contemplar. Es misión de los padres ayudar a los hijos para que sean generosos. Esta edad es el momento oportuno para desarrollar tres virtudes: generosidad, laboriosidad y reciedumbre. El sentido natural de la justicia, la apertura hacia los padres y la tendencia a obedecer, ayudarán a consolidar la generosidad; pueden existir rebeliones pero serán cortas y se olvidarán pronto. A los siete años, la razón está empezando a trabajar y se despierta en los niños una tendencia natural a ayudar, a hacer encargos, a darse; pero es necesario encauzarlos, guiarlos y hacerles descubrir la necesidad de ser generosos y la alegría que se siente después de serlo. Es conveniente explicarles que la generosidad y el servicio a los demás, es un deber de las personas que se gratifica por sí mismo, con la alegría del deber cumplido y con la satisfacción de realizar algo bien hecho. A esta edad ya se comprende este lenguaje. Además del ejemplo de los padres, una constante que no cambia, hay que proporcionarles distintas oportunidades para darse y enseñarles a buscarlas ellos solos: ayudar en casa, cuidar a un hermano pequeño, prestar cosas a un amigo, tomar la peor parte en el postre, repartir golosinas, saber perdonar a los demás, acordarse de dar gracias.

FORTALEZA Y CARÁCTER.- A estas edades hay que ayudar a los hijos a adquirir unas capacidades muy importantes para poder enfrentarse a la vida: la voluntad para la lucha y la capacidad de sacrificio. Para ello, hay que esforzarse diaria y continuamente, como un entrenamiento, en esa multitud de pequeños detalles que suponen un vencimiento.

 

PARA PENSAR...

- Que existan los periodos sensitivos no quiere decir que los hijos se desarrollen mecánicamente y que no estimular una capacidad en su momento sea irreversible. Al contrario, por ser libres y por querer hacerlo, se puede llevar a cabo un aprendizaje fuera de su periodo sensitivo natural. Eso sí, siempre costará más trabajo y se aprenderá peor.

- Igualmente, es posible que existiendo un periodo y, experimentando el niño las ganas de hacer algo, libremente, se niegue a hacerlo. Por eso los padres no pueden quedarse dormidos: no basta con que tengan los periodos, hay que actuar, pues hay circunstancias (como el ambiente exterior) que suelen jugar en contra.

- Si se tiene hijos en esta edad, el campo que se presenta es inmenso. Un primer paso consiste en reservar una tarde, marido y mujer, para pensar tranquilamente en cada uno de los hijos, con el mismo interés y eficacia que se espera de una reunión profesional. Se trata de reflexionar sobre los puntos fuertes y débiles, dónde interesa más insistir, etc.

- Cualquier actividad puede ser formativa. Un juego de mesa, por ejemplo, puede ser educativo si se respetan las reglas, si se vive la generosidad, si se respeta al contrario... Por eso, hay que procurar que aprovechen el tiempo y se acostumbren a estar siempre ocupados: deportes, juegos, hobbies, libros...

- El interés por aprovechar esta etapa única en la educación en los hijos es ya algo positivo. Quizá nuestros esfuerzos no parezcan recompensados a corto plazo; no importa: si trabajamos con constancia recogeremos al llegar la adolescencia los primeros frutos de nuestra labor.

... Y ACTUAR

A estas edades, los hijos se sienten apasionados por los pequeños retos, especialmente si conllevan algo de esfuerzo. Suele ser uno de los modos más adecuados para motivarles, apelando a su capacidad de autosuperación. Por ejemplo, se puede establecer un compromiso entre padre e hijo: éste se sienta a estudiar a una hora fija, mientras que aquel se sienta a leer un libro a esa misma hora.

 

(Fuente de la tabla y de los apartados "Periodos sensitivos" y "Para pensar": R. Regidor - f. corominas,  “La edad de oro en educación. Sus periodos sensitivos”, Hacer familia 56 (1998) 28)

 

 

 

 

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4 Minutos de Buenas Noticias

Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

Responsable de la edición: José Alberto Garijo Serrano

 

5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005