| |
 |
| Un
chiquillo que va a Misa acompañado de sus padres se le nota
"a la legua", porque la fe cristiana va entrando en la
vida del chiquillo no con calzador, sino con naturalidad |
“Mandar”
al chiquillo a Misa es
un rito que se repite los domingos en muchas casas: la criatura
desayuna, se ducha, se peina, le damos una moneda para la
“bandeja” y otra para que se compre “chuches”, llama a
la puerta el amigo o la amiga, y se van para la iglesia. Pero,
¿y los padres? Quizá hayan participado en otra Misa más
temprana, para tener tiempo para las tareas de la casa, o hayan
ido la tarde anterior... o simplemente, “no tienen tiempo”,
“no me ha dado tiempo de arreglarme”. ¿Por qué no hacer el
esfuerzo, e ir todos a Misa juntos?
Ir a Misa el domingo todos juntos es uno de esos
acontecimientos que más llena la vida de familia. Es una
ocasión para hacer algo juntos, cuando la vida moderna nos va
quitando momentos comunes. Cuando somos mayores los recordamos
con cariño. Un chiquillo que va a Misa acompañado por sus
padres se le nota “a la legua”, porque la fe
cristiana va entrando en la vida del chiquillo no con calzador,
sino con naturalidad.
Y un crío, un joven con una recia formación cristiana
tiene muchos puntos ganados para enfrentarse a ciertas cosas de
la vida con éxito.
¿Cuesta
hacerlo? Por supuesto. Habrá que madrugar un poco más para
tener la casa en orden, habrá que gritar algún día porque
gansea desayunando y no llegamos a Misa, habrá que tirar de él
cuando un día se le ocurre renegar (¿a quién de los que hoy
venimos a Misa no nos han “tirado de las orejas” para ir?),
habrá que... Pero vale la pena.
Es el “gota a gota” que riega la fe. Acompañar a los
hijos a Misa es casi un deber para los padres cristianos,
y sobre todo, es una alegría.

|