Es bueno que los chiquillos conozcan lo que ocurre en el
mundo, y que sepan que hay muchas personas que sufren y que no
tienen lo mínimo para vivir. Es bueno que se decidan a “hacer
algo” por los demás, y que además, se den cuenta de que,
si somos cristianos, tenemos un deber especial de ayudar
a los que lo necesitan. Y aquí podemos hacer de la televisión
un aliado.
Una familia, compuesta por papá, mamá y tres niños de
9, 7 y 3 años, montaron una actividad familiar curiosa a
consecuencia de las imágenes ofrecidas por la televisión sobre
el “tsunami”. Tuvieron una “asamblea familiar”,
que es el órgano familiar donde se deciden cosas importantes, y
discutieron entre todos lo que les parecía la situación de
esas personas. Se dieron cuenta de que, como cristianos, Jesús
les estaba pidiendo hacer algo por ellas. Se les ocurrió no
cenar una noche, y dar el dinero de esa cena a Cáritas
para ayudar a esos países. Esa noche se fueron a la cama con un
poco de hambre, pero así pudieron tener una experiencia propia,
aunque sea pequeña, de lo que muchas personas estaban viviendo
esos días.
La casa es escuela de virtudes cristianas, como la
generosidad, la austeridad, el saber ponerse en el lugar del
otro, el desprendimiento, y otras. Y estas cosas se “maman”
en la casa, y tienen que entrar sin calzador. Es una buena
siembra, que da siempre sus frutos.