1.
La obra educativa comienza desde el seno materno: si esperas más
tarde has perdido la etapa más importante de tu vida de padre.
2.
Recuerda
que tu hijo comienza a entender mucho antes de lo que tú crees, y que
cuándo esto suceda tú no lo sabrás nunca.
3.
Previene
el mal con la vigilancia más atenta, para no tener que reprimirlo
cuando sea demasiado tarde. Quien previene se hace amar, quien reprime
se hace odiar.
4.
No
grites ni castigues con rabia cuando se equivoque, sino convéncelo de
su error con el razonamiento más sereno y afectuoso.
5.
No
concedas todo por una exagerada ternura del corazón, porque quien
concede vicios los tendrá que mantener después.
6.
Nunca
digas “sí” cuando se debe decir “no”; nunca digas “no”
cuando puedes decir “sí”. En el “sí” y en el “no” los
padres deben estar de acuerdo.
7.
No
cuentes fábulas ante las preguntas difíciles de tu hijo. Con el tiempo
no te creerá. Sé sincero siempre en el modo más prudente y
conveniente.
8.
No
digas “sé honesto”. Da tú ejemplo de la honestidad más cristalina
en las palabras y en los hechos y tu hijo será reflejo de ti.
9.
Recuerda
que tu hijo amará a Dios en la medida en que lo ames tú: te amará en
la medida en que ame a Dios.
(De
“La nostra casa sotto ‘el Campano’”, periódico de la Parroquia
de la Santa Casa de Loreto [Ancona – Italia], 2 julio 2002)