El examen de conciencia diario

        

   

Terminar el día no es sólo bajar persianas, apagar las luces y cerrar el gas. Cada noche conviene hacer un pequeño “examen de conciencia”, que sirve para llevar un poco la “contabilidad del día”: lo que hemos hecho mal, lo que hemos hecho bien, y lo que me propongo hacer mañana mejor.

No es necesario que le dediquemos mucho tiempo: un minuto o dos. Pero un minuto intenso, pidiéndole a Dios, que nos conoce a cada uno mejor que nosotros mismos, que podamos ver nuestra vida como Él la ve.

            El examen de conciencia nos ayuda a avanzar en esa aventura que dura toda la vida: la aventura de conocernos a nosotros mismos. Conocer mis cualidades, mis limitaciones, mi defecto dominante, de qué forma puedo servir mejor a Dios y a los demás. Nos ayuda a ver nuestra vida con los ojos de Dios.

       

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Actualizado: 10 de junio de 2005