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Los 3 minutos de lectura del evangelio
¿Cuánto
tiempo echamos cada día en fumar? ¿O en ver TV? ¿O en echar la siesta? ¿O en
estar sentado sosegadamente en el sillón? Todas son formas de aprovechar el
tiempo, desde luego. Pero aun la persona más ocupada podrá tener siempre 3
minutos, sólo 3, para lo que quiera.
La lectura persona, diaria, del Evangelio,
nos ayuda a conocer mejor a Jesús, a
meternos en su vida, a conocer mejor nuestra propia vida, y preguntarnos qué es
lo que Dios espera de nosotros.
Leer
personalmente el Evangelio debe ser una
“obligación” de todo cristiano. Una obligación de las que hago no porque “me lo mandan”, sino porque,
con perdón, la hago porque “me da la real gana”. Sacamos tiempo para lo que
queremos. Y no lee el Evangelio.“el que tiene tiempo”, sino “el que dedica
tiempo”. Y tres minutos (sólo tres), tenemos todos.
Empezamos
por san Mateo, leemos tres minutos, y allí donde nos quedemos, lo retomamos al
día siguiente. Al terminar san Mateo, seguimos por san Marcos, san Lucas, san
Juan, si queremos, Hechos de los Apóstoles, y al terminar, vuelta a empezar:
san Mateo, san Marcos... Toda una vida, leyendo tres minutos diarios del evangelio, crean
“camiseta”. Gota a gota. Ladrillo a
ladrillo. Así son las cosas que aguantan toda la vida.
Alguno
dirá: ¿y por qué sólo 3 minutos? ¿No es mejor una hora entera? Pues quizá
no. A veces lo mejor es enemigo de lo bueno. Es difícil que todos los días
podamos sacar una hora entera para leer el Evangelio, mientras que tres minutos
diarios los tenemos todos. Y como nos conocemos a nosotros mismos como si nos
hubiésemos “parido”, más vale poco y todos los días, que mucho y nunca.
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Actualizado: 10 de junio de 2005 |