El
examen de conciencia diario


Terminar
el día no es sólo bajar persianas, apagar las luces y cerrar el gas. Cada
noche conviene hacer un pequeño “examen de conciencia”, que sirve para
llevar un poco la “contabilidad
del día”: lo
que hemos hecho mal, lo que hemos hecho bien, y lo que me propongo hacer mañana
mejor.
No
es necesario que le dediquemos mucho tiempo: un minuto o dos.
Pero un minuto intenso, pidiéndole a Dios, que nos conoce a cada uno mejor que
nosotros mismos,
que podamos ver nuestra vida como Él la ve.
El
examen de conciencia nos ayuda a avanzar en esa aventura que dura toda la vida:
la aventura de conocernos a nosotros mismos.
Conocer mis cualidades, mis limitaciones, mi defecto dominante, de qué forma
puedo servir mejor a Dios y a los demás. Nos ayuda a ver nuestra vida con los
ojos de Dios.