La
Fundación Alboan, una ONG promovida por la Compañía de Jesús en el País
Vasco para promover la solidaridad entre los pueblos, organizó durante el
curso pasado unas jornadas de diálogo en torno al problema de la violencia en
Euskadi Las conclusiones y testimonios han sido publicadas por el Centro "Cristianisme
i Justícia", dirigido también por los jesuitas en Cataluña.
"Éramos unas quince personas con recorridos personales, historias
familiares y trasfondos ideológicos diferentes", dicen. "Mujeres y
hombres. Vascos nacidos dentro y fuera de Euskadi. Seglares y religiosos.
Nacionalistas y no nacionalistas. Más y menos activos políticamente.
Castellanoparlantes y euskaldunes. De origen urbano y rural, desde los valles
de Gipuzkoa hasta la margen izquierda del río Nervión".
A
todos los participantes les impresionó profundamente el testimonio de Carmen
Hernández, viuda de Jesús María Pedrosa, concejal del PP en Durango,
asesinado por ETA el 4 de junio de 2000. "Llevaba 13 años de concejal
cuando le mataron. Desde siempre había tratado con cualquier persona
independientemente de su ideología o signo político. Tenía un talante
abierto y eso hacía que participase en uno u otro sitio (Korrika, apoyo al
euskera...), o entrase a tomar algo o a pasar un rato tanto en el batzoki como
en cualquier otro local". Carmen describió el ambiente terrible vivido
antes de su muerte: "Ir por la calle, sobre todo por la zona del casco
viejo, y ver su nombre en medio de una diana o poniendo frases como 'tú
serás el próximo' u otras'. Tras su muerte inesperada, "la casa
se llenó de gente, ¡tanta!, que al final no recordaba las personas que
habían pasado. Pensé que mi fe, a la que siempre me había agarrado en los
momentos difíciles de mi vida, me ayudaría, y así ha sido. Creo que sin
ella me hubiese sido imposible seguir adelante. La verdad, tengo que decir que
me sentí arropada por muchísima gente, más de la que nunca hubiese
imaginado. Fueron incontables las visitas, cartas, llamadas, telegramas. Me he
dado cuenta que la gente que me quiere es una mayoría. También he tenido y
tengo que soportar esa minoría que se ha sentido feliz con lo sucedido.
Personas que han llamado a casa insultando la memoria de mi marido y ahondando
en la herida. Personas con las que te ha unido amistad y de repente dejan de
saludarte. Personas con las que has crecido, ido al colegio, etc., que ya no
te conocen..."
"Mi
lucha", dice, "ha sido y es día a día muy fuerte en lo referente a
alcanzar una paz espiritual, porque la rabia sale sin querer y las preguntas
ahí están, sin respuesta. Cada día, cuando hago mi examen de conciencia, me
pregunto si soy capaz de perdonar. Es muy difícil perdonar (sobre todo sin
que te lo pidan), pero me es necesario hacerlo". Y continuó hablando del
perdón: "El perdón no es una obligación, no es el olvido, no es una
expresión de superioridad moral ni es una renuncia al derecho. El perdón es
un acto liberador. Perdonar es ir más allá de la justicia. Esforzarnos en
plantear el perdón, en proponerlo y hablar de él es invitar a ser cada vez
más persona".
"El
primer sentimiento que me brota", decía Juanjo Etxeberría, uno de
los participantes, "es de pedir perdón. Perdón por mi inconsciencia
respecto a una realidad que consideraba lejana o no la quería reconocer o
ante la cual mis ojos estaban ciegos". Borja Agirre comentaba: "Estoy
viendo claro cuál puede ser nuestra misión: mostrar a la sociedad (como
otros grupos lo están haciendo) que, para resolver el entuerto de la
violencia en Euskadi, es imprescindible tener una actitud como la de Mari
Carmen, de saber combinar la crítica con la serenidad, de no satanizar al
enemigo ni cerrar todas las puertas, de no dejarse llevar por el odio".
"La 'hebra de gracia que recompone la creación rota' está pasando
sin duda por el corazón de Mari Carmen", señalaba Miguel
González.
"Me admira e interpela la capacidad de Mari Carmen para no renunciar a
su arraigo en esta tierra y más concretamente a Durango. Su apuesta por no
cerrar puertas y mantener relaciones 'aparentemente incompatibles o
imposibles', viendo que es posible siempre que alguien se acerca ofreciendo un
apoyo sincero", apuntaba Alex García Mujika.
José Arregui, a modo de resumen de los testimonios aportados por todos,
decía: " Querida Mari Carmen: Con tu presencia frágil y entera, con
tu palabra tenue y firme, nos dijiste muchas cosas que nos sobrecogieron, nos
iluminaron y nos reconciliaron. Nos narraste tu calvario con la paz con la que
el Resucitado mostró sus heridas a los discípulos. Nos dijiste que el
perdón es para ti una necesidad del corazón y un acto liberador porque Dios
te libera. Nos dijiste que es necesario ir más allá de la justicia; tu
justicia es como la de Dios: restaura a la víctima y transforma al
victimario. Y nos dijiste que te resultaba difícil la esperanza en la
solución del conflicto que vivimos, pero que no hay otro camino que el
diálogo y el entendimiento entre todos. Tu dolor y tu paz nos indican el
camino. Tú nos haces sentir como realidad palpable las intuiciones y las
ideas más bellas que nos ocupan en nuestro seminario de ALBOAN: que la
reconciliación es posible y que empieza por las víctimas; que la
reconciliación requiere un perdón y que perdonar no significa olvidar
sino curar la memoria en la víctima y gracias a ello también en el
victimario; que la reconciliación es un don de Dios, pero que nos viene
siempre a través de quienes se sienten acompañados y consolados y sanados
por Dios en todas sus heridas. Sin ti, sin personas como tú, todo ello no
sería tan seguro. ¡Gracias, Mari Carmen, porque nos permites seguir creyendo
en el poder de la ternura divina, en la capacidad de bondad del ser humano y
en el futuro reconciliado de nuestro Pueblo Vasco! Tú encarnas la verdad de
nuestras mejores palabras"