“Lo más inteligente
que podría hacer el Partido Socialista en España sería caminar en la
búsqueda de valores cristianos”. Esta frase de Bono, y otros muchos
análisis certeros de cristianos militantes en el PSOE, han saltado en
pedazos tras las declaraciones del candidato socialista a las europeas
Josep Borrell en el Club Siglo XXI. Según la información ofrecida en
el programa "La Tarde con Cristina", de la COPE, el cabeza de lista rechazó incluir
una referencia a las raíces cristianas de Europa en la futura
Constitución, entre otras razones, porque “detrás del cristianismo
se esconden la Inquisición, la tortura, la quema de libros, la
aberrante enseñanza moral de la Iglesia en materia sexual”, y porque
en tocante a “democracia, derechos humanos e igualdad, Dios es un
converso reciente; se acomodó durante siglos con la esclavitud, ayer
todavía bendecía a Franco y no ha sido ajeno a la tragedia de los
Balcanes”.
¿Es esto todo lo que
Borrell conoce del cristianismo?, me pregunto. ¿Qué está quedando de
la apertura del socialismo al mundo cristiano de los últimos años,
llevada a cabo por Ramón Jáuregui, José Bono, Carlos Díaz de Andoni,
Reyes Mate, Francisca Sahuquillo, Paco Vázquez, Rafael Díaz Salazar, y
amparada por el mismo Zapatero, que prologó el libro “Tender puentes.
PSOE y socialismo cristiano”? ¿Por qué ha desaparecido de la WEB del
PSOE el enlace a “Cristianos en el PSOE”? ¿Cuándo calará a fondo
en el PSOE la afirmación que ya hizo en 1959 el SPD (Partido Socialista
Alemán) en el “Programa de Bad-Godesberg”, de que el socialismo
democrático “encuentra sus raíces en la ética cristiana, en el
humanismo y en la filosofía clásica”, y recordada recientemente por
Antonio Guterres, presidente de la Internacional Socialista?
Borrell se ha
equivocado de bando enemigo: sus oponentes son el PP, IU y demás
colegas, pero no la Iglesia ni los cristianos, que son el 82 % de los
votantes del PSOE, mucha gente buena que conozco, gente de nuestros
pueblos, gente que le reza a la Virgen de Cortes. Estamos jugando con
fuego. Se está generando en la sociedad española una ruptura que puede
tener consecuencias trágicas. Decía Antonio Guterres: “El fanatismo
y la intolerancia sólo se contrarrestan con apertura y libertad de espíritu,
con cooperación y cultura de paz. Necesitamos, pues, muchos puentes”.