Albacete, 26 de noviembre de 2005
Mis queridos Hermanos y amigos todos de Albacete:
A lo largo de algo más de nueve años he compartido con vosotros el camino de la vida cristiana como Obispo vuestro. Muchas veces os he dirigido mi palabra escrita y muchas veces os he hablado desde nuestra Santa Iglesia Catedral de San Juan,
desde las distintas y numerosas parroquias de nuestra geografía, o en el encuentro personal o de grupo. Nunca me ha costado miraros a los ojos o sentiros delante mientras llenaba las líneas que el ordenador me iba reclamando. Hoy confieso que me cuesta deciros algo porque siento que tengo que empezar a deciros ADIOS. Permaneceré todavía algunas semanas con vosotros,
pero el Santo Padre Benedicto XVI ha aceptado hoy la renuncia que le presentó por razones de edad Monseñor Ramón Echarren Ystúriz, Obispo de Canarias, y me envía a esa Diócesis, como hace años me envió desde mi tierra, Orihuela-Alicante, a vosotros.
A todos quiero dar las gracias y a todos quiero pedir perdón. Me he sentido y me siento ‘en casa’, ‘en familia’. Me llevo lo mejor de vosotros, porque ha quedado en mí, y ya forma parte de mi ser. Siempre he pensado y he dicho que los
pastores se hacen día a día con la ayuda del Señor y de las gentes de los pueblos y las ciudades. Un Obispo se va haciendo cada día y cada momento en el tajo del encuentro. Del Encuentro con el Señor, el primer Pastor, y en realidad el único, que me ha acompañado y sostenido continuamente. ¡Ojalá le hubiera seguido mejor y le hubiera hecho más caso! Del
Encuentro con los Hermanos Sacerdotes, con quienes he compartido muchas plegarias, muchas reuniones, muchas conversaciones personales, con las alegrías y las dificultades del trabajo pastoral compartido. Del Encuentro con la Oración y la Palabra de los Consagrados y Consagradas, que tan hermosamente me han acercado a Dios. Del Encuentro con los Laicos, a veces
esforzados y llenos de ímpetu, a veces perplejos ante la necesidad del testimonio y los retos de la tarea. Del Encuentro con hombres y mujeres de esta mi tierra albaceteña, a los que he visto vivir, alegrarse, sufrir, preguntarse, cantar, exigir, acoger y gritar. Gracias a todos de corazón.
Pido perdón por mis defectos y por el mal que habré hecho a tantos, por mi falta de testimonio, por mis negligencias y descuidos, por la vehemencia de mis expresiones o mis malas caras. Teníais derecho a esperar de mí otra cosa. Perdonadme.
Precisamente porque me cuesta deciros una palabra, la busco y la tomo prestada de otros. Lo he hecho con frecuencia porque formulan lo que uno no acierta, no sabe o no se atreve a expresar. La primera palabra que tomo prestada, y que siento hoy
especialmente viva y actual, es de San Pablo al principio de la carta que escribió a los cristianos de Filipos, los primeros europeos cristianos: “Doy gracias a mi Dios cada vez que os menciono; siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría, por la parte que habéis tenido en la obra del Evangelio desde el primer día hasta hoy. Esta es mi confianza:
que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena, la llevará a término... Esto que siento por vosotros está plenamente justificado: os llevo dentro... Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os quiero, en Cristo Jesús. Y esta es mi oración: que vuestra comunidad de amor siga creciendo más
y más en penetración y en sensibilidad, para apreciar los valores” (Flp 1).
Tengo otra palabra prestada que traer a la memoria del corazón. Es un texto de George Bernanos, con el que desde hace muchos años me siento identificado, y que ahora aplico muy sinceramente a todos vosotros, parafraseando el tenor de sus
palabras: Cuando ya no esté aquí — decía Bernanos — decidle a mis gentes de Albacete “que las he amado más de lo que nunca me he atrevido a confesar”.
Rezad por mí, y rezad por la Iglesia de Albacete. Hacedlo con la intercesión de nuestra Santísima Madre María, Virgen de los Llanos. Si la corona el cariño que Albacete le envía, y la corona su fe, ahí también entro yo como uno de sus hijos
más pequeños. Que pronto pueda tener nuestra Diócesis un nuevo Pastor que la sirva y la acompañe. Gracias de corazón a todos.
Francisco Cases Andréu