Tras
el accidente del avión militar en Turquía y el último atentado de ETA, el
tremendo accidente ferroviario del martes pasado ha vuelto a traer el luto a
España. Un periodista de La Verdad comentaba que "hemos de mirar a
lo alto buscando una explicación". Ciertamente, el misterio de la muerte
sólo tiene respuesta desde Dios. ¿En qué sentido? No en el sentido que muchas
personas le dan: no existe el "destino" que nos persigue hasta acabar
con nosotros. Si esto fuera así, la vida humana sería "una pasión
inútil", como decía Sartre.
Mirar
"hacia lo alto" es buscar en Dios la respuesta al misterio del ser
humano, tan grande y tan pequeño, tan poderoso y tan débil. Por mucho que la
técnica perfeccione las medidas de seguridad, no podremos evitar totalmente las
tragedias. Dios le ha dado al hombre, a la mano del hombre, un poder tremendo,
capaz de ofrecer salvación y esperanza, o capaz de desencadenar una tragedia,
sin poder evitarla. Los trabajadores de Renfe implicados pasaron cinco minutos
angustiosos separaron la salida del Talgo de la estación de Chinchilla hasta su
choque con el tren de cercanías, sabiendo que nada se podía hacer. Qué poder
enorme ha puesto Dios en manos del hombre, y al mismo tiempo cuánta debilidad.
¿De qué habrá hecho Dios al hombre?
En
momentos así, el ser humano reacciona de forma heroica. Al Hospital General
acudieron médicos y enfermeras para atender a las víctimas, aunque no les
tocaba turno de guardia. Los bomberos, guardias civiles y demás profesionales
hicieron lo imposible por acercarse a los vagones ardiendo. Más de uno, como
relata el periodista de La Verdad, se santiguaba al ver el espectáculo.
¿Por
qué hablamos hoy de esta noticia? ¿No tenemos un compromiso por contar
sólo "buenas noticias"? Porque esta semana era tema obligado, pero
para presentarlo también como "buena noticia". ¿Qué buena noticia?
La buena noticia de la solidaridad que estos lamentables episodios provocan. Lo
mejor del ser humano sale en momentos así. Y también es buena noticia el
anuncio del Evangelio de Cristo, que le da al hombre sentido a su vida, y fuerza
y esperanza para desarrollar la llamada a la vida que Dios ha puesto en
él. Y hoy, que es día de Pentecostés, celebramos al Espíritu Santo, que
fortalece la debilidad humana. Como dice un himno de la Liturgia de las Horas:
"Mira al hombre que es fiel y no te olvida, / tu Espíritu, tu paz
háganlo fuerte / para amarte y servirte en esta vida / y gozarte después de
santa muerte".