El
pasado 8 de marzo, la Asamblea General de las Naciones Unidas
aprobó una Declaración sobre la clonación humana por la que se pide a
los Estados miembros adoptar todas las medidas necesarias para prohibir
toda forma de clonación humana en tanto en cuanto sea incompatible
con la dignidad humana y la protección de la vida humana. Además,
se hacía un llamamiento a los Estados miembros para proteger
adecuadamente la vida humana en la aplicación de las ciencias de
la vida, prohibir la aplicación de técnicas de la ingeniería genética
que puedan ser contrarias a la dignidad humana, impedir la explotación
de las mujeres en la aplicación de las ciencias de la vida, y adoptar
una legislación nacional en relación con este tema.
La
Asamblea aprobó el texto remitido por una Comisión de Trabajo creada al
efecto por 84 votos a favor, 34 en contra y 37
abstenciones. Algunos de los países que votaron en contra
–en general, los países ricos, entre ellos, España– lo
hicieron porque la referencia a la “vida humana” podría ser
interpretada como una total prohibición de toda forma de clonación
humana. Los que se declararon a favor de la Declaración –los países
pobres, más EEUU, Italia, Alemania, Suiza, y otros– creen
que constituye un paso importante en la protección de la dignidad
humana y la promoción de los derechos humanos, así como un
avance hacia la total prohibición de la clonación humana. Costa Rica
dice que el texto busca hacer avanzar a la ciencia dentro de un marco de
normas éticas. El representante de Etiopía dice que el texto envía
un claro mensaje contra la investigación inmoral que hace de la vida
humana objeto de experimentación.
Llama la atención que sean
los países pobres los más sensibles a la dignidad de la vida.
La referencia a la explotación de la mujer nos avisa de un peligro
real: para “producir” embriones son necesarias muchas mujeres... ¿Y a
quién le tocará? Se teme que a las de siempre: las pobres.