El
periódico católico norteamericano "Catholic
Standard" publicó el pasado 6 de febrero una entrevista al Padre
John Barry, amigo personal del piloto del Columbia, el Coronel William McCool,
que murió con el resto de la tripulación al explotar la nave en pleno vuelo
el día 1 de este mes. Publicamos aquí la traducción española del
artículo:
Por
Mark Zimmermann
El
sacerdote que bautizó al piloto de la lanzadera espacial Willie McCool, y que
le administró la absolución poco antes de que la nave Columbia fuera lanzada
al espacio, dijo que el astronauta murió como había vivido -como un héroe.
Entrevistado
el lunes, dos días después de que la lanzadera espacial Columbia se
desintegrara el 1 de febrero después de reentrar en la atmósfera de la
Tierra, el padre John Barry dijo de los siete astronautas: "Eran
héroes, da igual que murieran haciéndolo o que vivieran".
El
párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de Medley's Neck, localizada en
Leonardtown al sur de Maryland, dijo: "Eran aventureros en la frontera
de la vida. Están fuera del límite de lo explorable. Gente de la
frontera, empujando los límites, entre los cuales (la muerte) es una
posibilidad".
A
comienzos de los años '90, el padre Barry tuvo un encuentro fortuito con el
futuro astronauta, mientras el sacerdote hacía "footing" y McCool,
un corredor de fondo, le paró para hablar con él. Mc Cool, que
llegaría a ser comandante de la Armada, trabajaba como piloto de
pruebas en la Estación Naval y Aérea Patuxent River, y el padre Barry era
entonces un joven vicario de la parroquia de San Alejo, en Leonardtown. "Dijo
que venía contemplado la posibilidad de hacerse católico durante una
temporada. Dijo que su familia era católica -su mujer era católica y sus
tres hijos se habían educado como católicos, por tanto (él sentía) que ya
era hora de que se les uniera", el sacerdote recordó.
El
padre Barry dice que instruyó a McCool en la fe en la parroquia y algunas
veces en la casa familiar del piloto en la base naval, donde el F-18 que él
pilotaba estaba aparcado en el hangar cruzando la calle. El piloto, que se
graduó segundo de su promoción en la Academia Naval Norteamericana de
Annapolis, acometió su instrucción con entusiasmo. "Se movía a gran
velocidad, aprendiendo todo rápidamente", el sacerdote recordó,
diciendo que McCool, ya un hombre bueno y disciplinado por su educación y sus
años en el ejército, reconoció que necesitaba más en la vida, y que podía
ser mejor esposo y padre "poniendo su vida más en las manos de
Cristo".
El
sacerdote dice que McCool "despertaba a una fuerza más
espiritual", y en 1993 se bautizó, se confirmó y recibió la
primera Comunión en la fe católica.
La
esposa de McCool, Lani, es una mujer de oración, dice el padre Barry, "Tocaba
el arpa. Esta era para ella una forma de oración. Hablaba mucho con sus hijos
(Sean, Christopher y Cameron) sobre Dios... Ella sentía que si Willie se
convertía en uno de ellos en la fe católica las cosas estarían más
completas, uniéndolos realmente. Ella sentía la necesidad de Dios, que los
protegía y velaba sobre ellos".
El
sacerdote mantuvo una amistad muy íntima con la familia, visitando la casa
para comer y uniéndoseles para animar los partidos de baloncesto de los
hijos. En 1996 visitó a la familia en el Estado de Washington, el año en el
que McCool fue aceptado en el programa para astronautas. "Él lo
confió todo a la oración con su mujer y su familia", recuerda el
padre Barry, "ellos rezaban (buscando) si ésta era la voluntad
de Dios".
El
pasado mes de enero, la semana del lanzamiento del Columbia, el sacerdote fue
invitado a unirse a la familia McCool como invitado de la tripulación de la
lanzadera. El martes por la noche se reunieron en una casa al lado de la playa
próxima al Cabo Cañaveral, un lugar elegido para la tradicional cena de
despedida, una barbacoa para los astronautas, sus familias y amigos cercanos.
El sacerdote dijo que quedó impresionado por el desinterés que mostraban los
astronautas, y la humildad que tenían por el honor de haber sido elegidos
para volar al espacio.
"La
comunidad de la NASA es así. Ellos muestran este espíritu de familia",
dijo, haciendo notar que los familiares de los astronautas se habían reunido
de lugares tan lejanos como India e Israel y de todos los Estados Unidos. "Ellos
eran una única familia". La tripulación incluía al astronauta
israelí Ilan Ramon y al astronauta Kalpana Chawla, un inmigrante de la India.
Ya
tarde, esa noche, el sacerdote rezó sobre McCool y le impartió la
absolución en el Sacramento de la Reconciliación.
Esta
fue la última vez que lo vio en persona. Al día siguiente, los miembros de
la familia y los amigos dieron un paseo por el centro espacial, y el jueves
por la mañana estaban posicionados en una caseta en un área salvaje, viendo
pájaros volar y lagartos en el agua, mientras veían a la lanzadera despegar.
El padre Barry dice que el despegue es un espectáculo sobrecogedor, mientras
la lanzadera salía disparada hacía el cielo.
En
ese momento el sacerdote permanecía al lado de los padres de McCool, y pudo
ver lágrimas de orgullo rodar por su cara. Cuando un funcionario dijo a las
familias que la lanzadera avanzaba segura hacia el espacio, Barry McCool, el
padre del astronauta, gritó: "¡Allí va mi chico!"
Y
el sacerdote pensó que de algún modo éste era el segundo lanzamiento en la
vida de McCool, y cómo la conversión del astronauta a la fe había sido un
lanzamiento hacia el cielo. En un mensaje electrónico escrito poco después,
el sacerdote escribió como McCool había irradiado una alegría especial
cuando se hizo católico. "Estoy seguro que su espíritu estará
gozando abordo del Columbia, experimentando la creación de Dios y su gloria
de una forma personal".
El
sacerdote dijo que podía imaginarse la típica sonrisa de McCool cuando
pilotaba la lanzadera. Así, en los 16 días siguientes, él siguió los
progresos de su amigo diariamente a través del canal de televisión de la
NASA, y allí estaba, "sonriendo de oreja a oreja. Estaba teniendo el
momento más feliz de su vida". En un un mensaje electrónico
personal enviado al padre Barry, McCool dijo al sacerdote que estaba siendo
testigo de la majestad de Dios en los brillantes amaneceres y atardeceres que
veía sobre la Tierra.
El
3 de febrero, el Washington Post repitió una transmisión de McCool
mientras la lanzadera daba vueltas en torno a la Tierra. "No puedo
describir la increíble sensación de júbilo que tengo aquí... El sol sale,
el sol se pone, la luna sale, la luna se pone, dar vueltas al globo, ver la
cordillera del Himalaya, la Gran Muralla - es fantástico".
El
sábado 1 de febrero el padre Barry veía la televisión con excitación, una
media hora antes de la hora prevista para el aterrizaje de la lanzadera
espacial. Seguidamente debía marchar a su iglesia y celebrar Misa a las 9 de
la mañana. Veinticinco minutos después, cuando dejó el altar, oyó el
teléfono sonar en la sacristía, y un parroquiano le dijo que algo iba mal en
la lanzadera. El sacerdote entonces volvió rápidamente a la iglesia, y le
gritó a las personas que estaban todavía allí, pidiéndoles que se
arrodillaran con el al pie del altar y ofrecer oraciones por la tripulación
de la lanzadera.
Entonces
el padre Barry volvió a la casa rectoral, y supo que su amigo y los demás
miembros de la tripulación habían perecido y, "sin dar crédito a
los ojos", vio los reportajes de la televisión el resto del día.
Durante todo el día, los amigos del sacerdote le telefonearon, pasaron a
visitarle y lo abrazaron. En sus homilías del día siguiente habló de la fe
de su amigo.
El
domingo por la noche, el sacerdote habló con uno de los hijos de McCool
por teléfono. Este jueves espera unírseles en una ceremonia religiosa por
los astronautas en la Catedral nacional de Washington.
El
padre Barry dijo que su amigo Willie McCool era un héroe que buscó vivir la
vida del mejor modo posible, y reconoció que necesitaba a Dios para completar
su vida. Y el sacerdote dijo que que propia fe se había hecho más profunda
al conocer a un hombre que experimentaba el amor de Dios tanto en los momentos
tiernos con su familia como en la majestad infinita del espacio.