Se
presentó “Mar adentro”, la película de Amenábar sobre
el caso Ramón Sampedro, con gran cobertura informativa, y la
presencia de siete ministros y del mismo Rodríguez Zapatero y su
habitual “sonrisa del talante”. Según la Vicepresidenta Fernández de
la Vega, el Gobierno abordará en esta legislatura la despenalización
de la eutanasia, buscando un “amplio consenso social”, aunque reveló
sus intenciones al afirmar que
“todavía queda un trecho por recorrer en el sentido de una despenalización
total y absoluta”.
Cuando Sampedro murió en
1998, Álvaro Pinto, presidente de la Federación Nacional de
Asociaciones de Lesionados Medulares y Grandes Minusválidos, manifestó:
“Lo hemos lamentado particularmente, no sólo por su final, sino también
por la manipulación de que ha sido objeto por asociaciones que están
a favor de la eutanasia. Queriendo comprender las situaciones personales,
sin juzgarlas, hay que señalar que la mayoría de los miembros de nuestra
Federación no está de acuerdo con la eutanasia. Tetrapléjicos en
peor estado que él están en este momento amando la vida”. Lo
que los minusválidos piden a la sociedad no es una ley de eutanasia, sino
“que nuestra movilidad reducida, que precisa de mucha ayuda en aspectos
básicos de nuestras vidas, no constituya un obstáculo insalvable para
acceder a esta normalización”. También en EEUU, cuando
dos sentencias absolvieron al Dr. Muerte Jack Kevorkian, una organización
de discapacitados llamada “Not Dead Yet” (“Aún no
muertos”) organizó una campaña en la calle, en hospitales y medios de
comunicación contra el “suicidio asistido”.
En
España, donde ya casi todo es posible, la aprobación de la
eutanasia constituirá un peligroso camino cuesta abajo y sin
frenos hacia el desprecio por la vida humana, sobre todo de
ancianos, discapacitados y enfermos. Llevará a la sociedad a un “control
de calidad” sobre la vida humana, que establezca, como ya hicieron
los nazis, la distinción entre “vida buena que vale la pena”, y
“vida humana sin valor vital”. Se aplaudirá como “héroes” a los
discapacitados y enfermos graves que decidan quitarse la vida, y se
ejercerá una presión sobre los demás, que se sentirán culpables
de la carga que suponen para sus familiares o para la sociedad.