Andalucía.-
Pacientes con discapacidad confían en que Amenábar "no tome
partido por la eutanasia”
SEVILLA, 3
(EUROPA PRESS)
El
secretario general de la Confederación Andaluza de Personas con
Discapacidad Física y Orgánica (CAMF), Gonzalo Rivas, confió hoy en
que Alejando Amenábar, director de la película 'Mar Adentro', "no
tome partido a favor o en contra" de la eutanasia y "respete
las decisiones de todos" en referencia al trato que pueda dispensar
en la cinta a la eutanasia.
Rivas,
postrado en una silla de ruedas debido a la poliomielitis que sufrió de
pequeño, dijo estar seguro de que Amenábar "sabrá tratar el
tema" y mostró su confianza en que 'Mar Adentro', que narra la
lucha de Ramón Sampedro por morir, "cumpla las expectativas
suscitadas".
Por
su parte, el presidente de la Asociación de Parapléjicos y Grandes
Minusválidos (Aspaym), Juan Francisco Calero, explicó que en Andalucía
son "alrededor de 900 tetrapléjicos, que aumentaron en un 15 por
ciento en los últimos cuatro años debido, principalmente, a accidentes
de tráfico".
Calero
manifestó a Europa Press que "respeto pero no comparto" la
actuación de Ramón Sampedro, que "debe relativizarse" porque
"al principio las cosas se ven de manera negativa, pero después
todos vamos hacia adelante". "Respeto la decisión personal de
Sampedro, pero creo que se puede tomar otro rumbo", añadió.
En
este sentido, Calero, que fue tetrapléjico antes que parapléjico,
explicó que "tras una fase de asimilación, nos incorporamos a
todos los aspectos de la vida". Asimismo, confió en que la "línea
de investigación abierta para la regeneración de médula espinar"
sea la esperanza de este colectivo.
El
dirigente de Aspaym manifestó que la vida de los tetrapléjicos
"es peor en los pueblos", puesto que existen, dijo, "más
barreras arquitectónicas".
Por
último, el secretario general del Comité de Entidades Representantes
de Minusválidos de Andalucía (Cermi), Fernando Rico, explicó que la
organización que representa "defiende el derecho a la vida" y
que "luchamos por tener las mismas oportunidades que cualquier
ciudadano", aunque reconoció que la de Ramón Sampedro fue una
"decisión personal que respeto mucho".
Mar
adentro
Juan Manuel de Prada
ABC, 6 de septiembre de 2004
DESPUÉS de leer quinientas o seiscientas entrevistas a Alejandro Amenábar
y recensiones críticas de su película (nunca los engranajes de la
propaganda se habían mostrado tan engrasados), uno llega a la conclusión
de que Mar adentro, antes que una obra de tesis, pretende ser una
vindicación de la libertad del hombre para gobernar su destino. Cuando
se le pregunta si aboga por la eutanasia, Amenábar esquiva la declaración
tajante, para referirse a ese ámbito de autonomía personal en que cada
hombre resuelve soberanamente si su vida merece o no la pena ser vivida;
de este modo, la solución adoptada por Ramón Sampedro, el protagonista
de la película, se presenta como un ejercicio de afirmación vitalista:
el hombre es dueño de sus decisiones y, como tal, proclama su derecho a
morir, libre de ataduras jurídicas o morales. La muerte se convierte así
en un acto íntimo, sobre el que no ejerce imperio sino la propia
conciencia; y, en consecuencia, Amenábar propone una película de corte
intimista, que no aspira a juzgar las razones que impulsaron a Sampedro
a abreviar sus penurias, sino a comprenderlas.
Hasta aquí las declaraciones de Amenábar,
que la contemplación de Mar adentro desmiente concienzudamente. Pues
si, en efecto, la intención del director hubiese sido celebrar esa
capacidad decisoria del hombre para determinar los confines de su propia
vida, tan respetable como la solución adoptada por Sampedro resultaría
la de quienes, sobreponiéndose a las calamidades que los afligen,
desean seguir viviendo. Pero no. Amenábar introduce una secuencia
bastante rastrera en la que se mofa de un sacerdote (al parecer
inspirado en una persona real, lo cual añade vileza al asunto), paralítico
como Sampedro, que afirma su ansia de vivir. Al progresismo rampante y
hegemónico, que tanto se regocija con el escarnio de lo religioso (de
lo cristiano, convendría precisar), esta secuencia le resultará muy
graciosa y estimulante; aunque, en puridad, se trata de una caricatura
gruesa, de una abyección difícilmente superable, en la que Amenábar
demuestra que su intención no era comprender las razones de cada
hombre, sino justificar, a través del engaño y la tergiversación de
brocha gorda, las razones de su protagonista y, de paso, burlarse de
quienes, en medio de la postración, aún encuentran motivos para seguir
respirando. El diálogo que mantienen Sampedro y el sacerdote se
presenta como una situación cómica que apela a la risa del espectador
a través de recursos tan bajunos como la deformación esperpéntica y
el ensañamiento bufo. Por supuesto, este diálogo incluye afirmaciones
de una falsedad vomitiva (así, por ejemplo, se sostiene alegremente que
la Iglesia defiende la pena de muerte), que sólo un espectador ofuscado
por el odio antirreligioso podrá digerir sin repulsa.
Resulta muy difícil enjuiciar una obra
tan tendenciosa y manipuladora en términos estrictamente cinematográficos.
Me atreveré, no obstante, a traer a colación otro pasaje de la película
sobre el que los críticos, tan sospechosamente unánimes (elogiar Mar
adentro se ha convertido en «razón de Estado»), pasan de puntillas,
temerosos de suscitar las iras de quienes manejan el cotarro. Me refiero
a la secuencia de la fantasía volátil del protagonista, que se inicia
con uno de esos planos de helicóptero que tanto repudian los críticos
cuando se trata de denigrar una película hollywoodense y se remata con
un encuentro amoroso en la playa digno de un anuncio de colonias filmado
al alimón por Claude Lelouch y Franco Zeffirelli en plena resaca de
anisete. Cualquier otra película que hubiese incluido esta secuencia
entre sus fotogramas hubiese sido tildada de cursi y almibarada; pero la
«razón de Estado» impone un deber de silencio. El silencio de los
corderos, que viajan en rebaño y balan el mismo ditirambo.
Radio
Vaticano dice que «Mar adentro» «explota los sentimientos del
público»
La Razón, 6 de septiembre de 2004
«Tritura la auténtica libertad de
juicio, orientando la adhesión a la eutanasia», afirma
No todo han sido aplausos para Alejandro
Amenábar y su «Mar adentro» en la Bienal de Venecia. Radio Vaticano,
la emisora oficial de la Santa Sede, afirmó ayer en un reportaje del
servicio informativo internacional que la cinta, que se ha proyectado en
el Festival, «explota los sentimientos de público a favor de la
eutanasia y ridiculiza la posición de la Iglesia católica». Radio
Vaticano, que «comparte los sufrimientos y dudas» del tetrapléjico
Ramón Sampedro, cree que el filme es un alegato «fácil» de la
eutanasia.
Las primeras críticas a «Mar adentro», la cuarta película del
director Alejandro Amenábar, las ha vertido Radio Vaticano. La emisora
oficial de la Santa Sede considera que el filme «explota los
sentimientos del público a favor de la eutanasia y ridiculiza la
posición de la Iglesia católica». Después de su proyección el
sábado en la Bienal de Venecia, Radio Vaticano emitió un reportaje
sobre el Festival –recogido por Zenit– en el que se afirma que la
cinta «tritura con el melodrama la auténtica libertad de juicio,
orientando la adhesión del público al único deseo de Ramón, morir».
Era de esperar. Es conocida la oposición de la Iglesia católica a la
práctica de la eutanasia, que califica de «moralmente inaceptable»,
ya que alega que «constituye un homicidio gravemente contrario a la
dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador»
(Catecismo, 2277). Radio Vaticano ha reconocido que el caso de Ramón
Sampedro es «un tema difícil y problemático» y que «la
interpretación de Javier Bardem es impactante y arranca las
lágrimas». «Pero, si bien se comparten los sufrimientos y dudas (de
Sampedro), es demasiado fácil atacar los diferentes puntos de vista».
Además, la emisora oficial de la Santa Sede considera que se ridiculiza
«la intervención y las palabras de un sacerdote, también él
tetrapléjico, metiéndole en los esquemas teóricos, siempre exigentes
de la moral católica, olvidando que ésta pide ser vivida con fe y
amor». De hecho, cuando Ramón Sampedro se suicidó tras pasar 28 años
en la cama, numerosos sacerdotes, algunos de ellos con un caso similar
de tetraplejia, aseguraron haber tratado de establecer contacto con el
enfermo para alentarle, pero que el entorno de Sampedro se lo impidió
tajantemente.
El
Presidente del Foro de Vida Independiente, Javier Romañach, censura la
postura de Ramón Sampedro
Santander,
1 sep (EFE).- El secretario general del Imserso, José Carlos Baura,
aseguró hoy que el Ministerio de Trabajo está trabajando
"intensamente" en la redacción de una ley de protección de
las personas en situación de dependencia, de manera que esta norma
"vea la luz lo antes posible" y esté en marcha antes de que
acabe la legislatura.
Baura, quien dirige el
seminario sobre discapacidad y vida independiente que se desarrolla esta
semana en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, dijo que no podía
dar plazos para la redacción y la aprobación de la nueva ley, pero
reiteró que se trata de un compromiso del Ejecutivo de José Luis Rodríguez
Zapatero, que lo ha asumido como "una auténtica prioridad".
Respecto a su
contenido, indicó que se basará en la protección de las personas
dependientes como "una cuestión de derecho, no graciable" y
que tratará de poner al alcance de estas personas los recursos
necesarios para que puedan llevar una vida digna.
"No estamos
pensando en que el único recurso sea un centro residencial sino que, en
la medida de lo posible, las personas tienen que vivir en su medio pero
con las garantías suficientes para llevar una vida digna y
gratificante", explicó Baura, en conferencia de prensa.
Por su parte, el
presidente del Foro de Vida Independiente, Javier Romañach, expuso la
concepción de las personas discapacitadas que tiene este movimiento
como un valor y no como un lastre para la sociedad, por lo que proponen
que la ley que prepara el Gobierno se denomine "de apoyo a la vida
activa" y no "de protección de las personas en situación de
dependencia" ya que esta definición refuerza la imagen de que el
discapacitado depende de otro.
Romañach defendió
que es la sociedad la que debe cambiar para conseguir "un mundo en
el que nadie se quede fuera" y recalcó que la cura no es la solución,
por lo que se mostró crítico con actitudes como la del actor
Christopher Reeve, que quedó paralizado de cuello para abajo tras
sufrir una caída de un caballo y que ahora impulsa la investigación
para encontrar una cura a las parálisis motoras.
También censuró la
postura del tetrapléjico Ramón Sampedro, cuya lucha para que se le
aplicara la eutanasia ha sido llevado a la pantalla por el director de
cine Alejandro Amenábar en su última película "Mar adentro"
y que, según Romañach, les ha dejado a las personas que, como él
mismo, sufren este tipo de parálisis, "el lastre de la facilidad
con la que se asocia tetraplejia a eutanasia".
"El mensaje de
'como soy tetrapléjico me quiero morir' que transmite Sampedro o de
'como soy tetrapléjico me quiero curar' de Christopher Reeve es el
mensaje sencillo que manejáis los periodistas. El nuestro es mucho más
complicado, nosotros buscamos la dignidad del individuo en su
esencia", reiteró.
"A mí no me pasa
nada, es el mundo el que tiene que cambiar", declaró el presidente
del Foro de Vida Independiente, al tiempo que definió a los cerca de
200 integrantes de este movimiento en España como ciudadanos implicados
en una lucha colectiva por los derechos de quienes están como ellos y
de quienes lo estarán.
"Una vez que
asumes que el mundo está mal hecho, que es la sociedad la que
discapacita, ya no vuelves porque has recuperado tu dignidad",
aseveró Romañach, quien valoró la dificultad de superar este proceso
que, según dijo, supone que "aceptar haberse equivocado sobre uno
mismo".
Además, abogó por
que la lucha por los derechos de los discapacitados sea conjunta ya que,
al igual que las mujeres o los negros encontraron un punto en común
para reclamar su dignidad, estas personas tienen que unirse con un
objetivo común.
EFE-Cantabria ogc