Sin duda, el anteproyecto de ley de aprobación del matrimonio
homosexual es el tema estrella de esta semana. Se justifica su aprobación
por la “gran demanda social” que genera.
El Censo de Población de 2001 del Instituto Nacional de
Estadística (www.ine.es) recoge por
primera vez las parejas homosexuales que conviven en España. Frente a los
8,9 millones de parejas casadas, hay 563.723 parejas de hecho (en torno al
6 %), de las cuales sólo 10.474 son parejas homosexuales: 3.619
formadas por mujeres, y 6.855 formadas por varones. Es decir, sólo un
0,11 % del total de 9,5 millones de parejas, casadas y no casadas, que
existen en España. La Federación de Gays y Lesbianas argumenta
que esa cifra es irreal, porque a su juicio existe todavía un temor a
revelar públicamente la condición homosexual. Sin embargo, hay que tener
en cuenta que los datos del censo pertenecen al secreto estadístico.
Y además, si sólo el 0,11 % de las parejas “salen del armario” y dan
la cara anónimamente ante el censo, ¿cuántas de esas parejas estarían
dispuestas a ir al juzgado y someterse al “dulce yugo del matrimonio”?
La Encuesta
de Salud y Hábitos Sexuales, realizada en 2003 por el INE y la
Secretaría del Plan Nacional sobre el SIDA entre 10.838 personas de 18 a
49 años, también, revela que sólo el 3,9 % de los varones y el 2,7 %
de las mujeres de 18 a 49 años “alguna vez en su vida” han tenido
relaciones homosexuales. Sólo el 1,1% de los hombres han mantenido
relaciones “exclusivamente homosexuales”. Pero una cosa es tener una
relación homosexual, y otra bien distinta es formar un hogar. Por tanto,
la “demanda social” es muy pequeña, aunque, eso sí, muy
“ruidosa”.
Lo malo es que esa “demanda social” a la que aducen nuestros
políticos se aplica según el tema del que se trate. Hace dos semanas,
por ejemplo, la opinión pública conocía la noticia de que en España
hay más de 500.000 enfermos de Alzheimer, cuyas familias no
reciben ninguna prestación social. Pero esta causa
no es “progresista”, no hay películas sobre el tema, no
aparece en pancartas reivindicativas. ¿Cuándo nos pareceremos a Holanda,
no sólo en legislación “progresista”, sino también en ayudas reales
a las familias de carne y hueso, las que están “tirando” del país?