EL JUBILEO
Luis
Delgado Rubio
Voy
a comenzar mi comentario siendo sincero: los días previos al inicio del
camino de Santiago, en la Peregrinación Europea de Jóvenes de 2.004,
con José Alberto Garijo, José Garvi y Alberto Rodríguez, estaba en
una situación personal de zozobra. Estaba agobiado y
“no me hallaba” como dicen los viejos de Alcaraz. No estaba
contento.
Yo
me preguntaba ¿porqué? Las cosas me van bien como abogado,
disfrutando de algunos éxitos profesionales importantes para mí,
estoy feliz con mi familia, a la que quiero y me quiere con
locura, tengo la bendición de contar con amigos a los que quiero mucho,
sentimentalmente estoy bien ahora, etc...
Pero
no estaba bien interiormente. Tenía una sensación de pegajosidad
interior, como si me pesara
el alma. Por eso antes de iniciar el camino estaba en una cierta
incertidumbre y me instalé en el escepticismo´, algo en lo que jamás
debe instalarse un cristiano. Además tenía la sensación de que Jesús
estaba un poco alejado de mí y yo
de Él, aunque siendo sincero los motivos los había dado yo.
José
Alberto me había dicho que el camino era una buena oportunidad para
probarnos, ver la temperatura de nuestro espíritu y medir la distancia
a la que estamos de Jesús. No estaba yo tan seguro, pero con esa
actitud inicié el camino de Santiago.
Pero
como Dios es más listo que nosotros y se las sabe todas, me tenía
preparada una sacudida interna en
mi interior que no me esperaba, y que me ha hecho recordar cosas que sólo
experimenté cuando tenía una edad, desde los diecisiete a los veinte años,
y conocer aspectos de Jesús que había pasado por alto en todos estos años.
Los
de Alcaraz sabemos lo que es peregrinar porque vamos a Cortes a visitar
a nuestra Madre, y cuando vamos solos haciendo un novenario o vamos a
los Mayos andando o a la feria del día 8 de septiembre, y tenemos la
oportunidad de pensar mucho en ese camino, muchas cosas se nos vienen a
la cabeza.
En
segundo lugar, el Camino de Santiago en si, la belleza de los paisajes,
de las aldeas y parroquias del norte con sus iglesias y cruceros, los
testimonio de fe en esta Europa que se desmorona, en esta España que no
sabe dónde está su norte espiritual. Por ejemplo, la sorpresa de
encontrarnos con el Monasterio cisterciense de Oseira, del impacto que
nos causó en todos y cada uno de los jóvenes que allí estábamos la
sencilla vida de los monjes, su dedicación al trabajo y su oración
constante, así como las palabras del Abad, que a todos nos llegaron al
fondo del corazón, que demostraban que esos hombres que viven según la
regla de San Benito son hombres del siglo XXI, conscientes de la
compleja realidad en la que vivimos y conocedores de la angustia y de
los retos enormes de los jóvenes que tenían delante. La respuesta fue
sencilla por parte nuestra: les acompañamos en las completas, a la
noche, porque necesitábamos
orar con ellos al Dios que nos dio la vida.
En
tercer lugar, esta la celebración de la Eucaristía, tras horas de
andar, cansados, agotados con más de treinta kilómetros en los pies, y
que sin embargo no nos pesaban. Íbamos alegres a oír la palabra, a
celebrar el misterio de la fe, como los demás jóvenes, a aplaudir, con
ganas de cantar, de sentirnos parte de la cena del Señor. Cada misa la
vivimos de una manera única y nos hemos enterado ahora de que cada misa
es de una manera, es de la manera en que uno la vive, por pobre o rica
que sea la liturgia.
Por
último, el significado de culminar el Camino de Santiago, de orar ante
la tumba del Apóstol de Jesús, de rezar el Credo, de confesar esos días,
de la Misa de los Peregrinos. Es el significado del Jubileo, la alegría
del perdón y de la reconciliación con los hombres y con Dios Nuestro
Señor, que nos da la vida,
que nos da lo que tenemos, que nos ilumina en este camino duro,
complicado y difícil que es la vida. La alegría interior que uno
experimenta al entrar en Santiago, en la Plaza del Obradoiro, y luego en
la Catedral es inexplicable. No sabría bien decir a que se debe, como
no sea, que te das cuenta de
que has andado todo el Camino de Santiago junto a
Jesús, como los discípulos de iban camino de Emaús y no se
enteraron de quien era el que iba con ellos hasta el final.
MI
CAMINO A SANTIAGO
Alberto José Rodríguez López
Una de las mejores experiencias de mi vida fue hacer el
camino de Santiago, no creo que exista algo semejante, puedes llegar a
sufrir importantes lesiones y sin embargo te aseguro que darías lo que
fuese por volver, ¿como se explica esto?.
Es un misterio, hay que hacerlo para entenderlo, hay que sentir lo que
es andar al amanecer por misteriosos bosques llenos de leyendas, sintiéndote
parte de la historia, esconderte de la lluvia bajo un hórreo antiquísimo,
sentir que el aire ha sido hecho para ti cuando subes un puerto,
sentirte en otro mundo cuando pasas al lado de un cementerio un mitad de
ninguna parte, sentir como se ha detenido el tiempo en pueblos de 4 o 5
casas, aprender que el mayor trofeo que pueden ofrecerte al acabar la
jornada es una simple cama, son tantísimas cosas...
Yo comencé en Orense a unos 130 Km. de Santiago y llegue a la catedral
a los 5 días, las etapas que hice fueron Orense-Oseira, Oseira-Lalin,
Lalin-Vila de Cruces, Vila de Cruces-Boqueixon y Boqueixon-Santiago.
Un punto a su favor es la
gente que conoces, puedes conocer personas de cualquier país y
tratarlos como si os conocieseis de toda la vida y con una complicidad y
confianza increíble entre 2 desconocidos.
No importan las creencias religiosas, es un viaje hacia el interior de
uno mismo, te cambia la personalidad, te vuelves mas modesto, abierto,
fuerte, autosuficiente, agradecido (en una
iglesia leí: el peregrino no exige, agradece). Además ganar el
jubileo supone empezar de nuevo tu amistad con
Dios, es decir, aprender de tus anteriores errores para ser mejor
cristiano y persona.
Y para finalizar, el desahogo y esparcimiento que supone cruzar una
esquina (porque no se ve hasta ese momento) y encontrarte de cara con
esa magnífica catedral que es la de Santiago de Compostela, cuando
llegué, había un grupo de peregrinos Conquenses que con sus bordones
arriba entonaron un canto muy espiritual.
Sin mas,yo, os lo recomiendo , haced el camino de Santiago, os aseguro
que no os arrepentiréis.
VIAJE
A SANTIAGO
Jose Garvi Losa
La verdad, es que
cuando uno vuelve de Santiago después de peregrinar, vuelve cambiado,
vuelve más bueno y es cierto, el camino de Santiago es una experiencia
única que te marca personalmente y más este año que además de ser Año
Santo, ha tenido lugar la PEJ, que ha sido un encuentro de jóvenes
cristianos procedentes de toda Europa. En estos encuentros uno se da
cuenta de que los jóvenes cristianos responden a la llamada de la
Iglesia, que no se esconden , que están ahí, que se puede contar con
ellos. Era impresionante ver como cualquier actividad que estaba
prevista se llenaba de gente, todo el mundo iba a todo. Pero no nos engañemos
el camino hasta llegar a Santiago es duro, no es un paseo, el claro
ejemplo es que cuando terminas la primera etapa, acabas pensando que no
vas a poder andar más, pero al día siguiente con las ganas y la ilusión
que tienes por llegar te pones otra vez en camino. Y al final llegas,
unos tardan más que otros pero al final todo el mundo llega, porque el
llegar a Santiago es el premio de todo peregrino, es lo que todos
queremos, porque la sensación que sientes cuando entras a la plaza del
Obradoiro y ves la catedral, no se puede describir o al menos yo no se.
Es para vivirlo.