Jóvenes peregrinos a Santiago: "Testigos de Cristo para una Europa de la esperanza"

15 agosto 2004

El mundo de hoy
          

 

Peregrinación Europea de Jóvenes 2004

            “Viajes Marsans” nunca hubiera organizado un viaje así. La ducha: una manguera de los bomberos; la cama: una esterilla y un saco; la “suite”: un enorme polideportivo, compartido por otras 1.000 personas; el comedor: una acera o un porche al aire libre. Sin móvil, sin internet, sin aire acondicionado, sin alcohol. Y encima, el viaje es a pie. Y sin embargo, los clientes dicen que ha sido el mejor viaje de su vida. Son los cerca de 30.000 jóvenes que han participado en la Peregrinación Europea de Jóvenes celebrada en Santiago de Compostela el fin de semana pasado. Han acudido para renovar su fe bebiendo en la fuente del testimonio de Santiago, compartiendo la dureza del camino y la alegría desbordante que reinó estos días.

            Los 80 participantes de Albacete (4 de ellos, de Alcaraz) se integraron con otros 3.000 de 30 diócesis españolas que iniciaron su camino en Orense. Junto con ellos caminaron unos 90 sacerdotes y 8 obispos. A las 6 de la mañana se iniciaba la jornada, después de dormir menos de lo que el cuerpo pedía. Un aseo personal de emergencia, desayuno, oración, y 6 ó 7 horas de camino. Comida, “ducha”, descanso. Y a las 7, la Eucaristía, el encuentro diario con Cristo vivo y resucitado, a veces en la plaza del pueblo (Orense, monasterio de Oseira, Lalín, Vila de Cruces, Boqueixón), con palmas, canciones, botes, y una inmensa alegría, y al mismo tiempo, con una profunda hondura, buscando en Cristo la fuerza para llegar a Santiago y para caminar en la vida: “En mi debilidad / me haces fuerte / sólo en tu amor me haces fuerte / sólo en tu vida me haces fuerte / en mi debilidad me haces fuerte en mí”. Algo de cena, fiesta, y a dormir.

            “Estos días pueden dejar en vosotros una huella para toda la vida”, profetizó don Luis, el obispo de Orense, en la Misa del primer día. Sin duda, Dios hizo una siembra grande.

EL JUBILEO

Luis Delgado Rubio

Voy a comenzar mi comentario siendo sincero: los días previos al inicio del camino de Santiago, en la Peregrinación Europea de Jóvenes de 2.004, con José Alberto Garijo, José Garvi y Alberto Rodríguez, estaba en una situación personal de zozobra. Estaba agobiado y  “no me hallaba” como dicen los viejos de Alcaraz. No estaba contento.

Yo me preguntaba ¿porqué? Las cosas me van bien como abogado,  disfrutando de algunos éxitos profesionales importantes para mí,  estoy feliz con mi familia, a la que quiero y me quiere con locura, tengo la bendición de contar con amigos a los que quiero mucho, sentimentalmente estoy bien ahora, etc... 

Pero no estaba bien interiormente. Tenía una sensación de pegajosidad interior, como si  me pesara el alma. Por eso antes de iniciar el camino estaba en una cierta incertidumbre y me instalé en el escepticismo´, algo en lo que jamás debe instalarse un cristiano. Además tenía la sensación de que Jesús estaba un poco alejado de mí y  yo de Él, aunque siendo sincero los motivos los había dado yo. 

José Alberto me había dicho que el camino era una buena oportunidad para probarnos, ver la temperatura de nuestro espíritu y medir la distancia a la que estamos de Jesús. No estaba yo tan seguro, pero con esa actitud inicié el camino de Santiago.

 Pero como Dios es más listo que nosotros y se las sabe todas, me tenía preparada una sacudida interna  en mi interior que no me esperaba, y que me ha hecho recordar cosas que sólo experimenté cuando tenía una edad, desde los diecisiete a los veinte años, y conocer aspectos de Jesús que había pasado por alto en todos estos años.

Los de Alcaraz sabemos lo que es peregrinar porque vamos a Cortes a visitar a nuestra Madre, y cuando vamos solos haciendo un novenario o vamos a los Mayos andando o a la feria del día 8 de septiembre, y tenemos la oportunidad de pensar mucho en ese camino, muchas cosas se nos vienen a la cabeza.

 

En segundo lugar, el Camino de Santiago en si, la belleza de los paisajes, de las aldeas y parroquias del norte con sus iglesias y cruceros, los testimonio de fe en esta Europa que se desmorona, en esta España que no sabe dónde está su norte espiritual. Por ejemplo, la sorpresa de encontrarnos con el Monasterio cisterciense de Oseira, del impacto que nos causó en todos y cada uno de los jóvenes que allí estábamos la sencilla vida de los monjes, su dedicación al trabajo y su oración constante, así como las palabras del Abad, que a todos nos llegaron al fondo del corazón, que demostraban que esos hombres que viven según la regla de San Benito son hombres del siglo XXI, conscientes de la compleja realidad en la que vivimos y conocedores de la angustia y de los retos enormes de los jóvenes que tenían delante. La respuesta fue sencilla por parte nuestra: les acompañamos en las completas, a la noche,  porque necesitábamos orar con ellos al Dios que nos dio la vida.

En tercer lugar, esta la celebración de la Eucaristía, tras horas de andar, cansados, agotados con más de treinta kilómetros en los pies, y que sin embargo no nos pesaban. Íbamos alegres a oír la palabra, a celebrar el misterio de la fe, como los demás jóvenes, a aplaudir, con ganas de cantar, de sentirnos parte de la cena del Señor. Cada misa la vivimos de una manera única y nos hemos enterado ahora de que cada misa es de una manera, es de la manera en que uno la vive, por pobre o rica que sea la liturgia.

Por último, el significado de culminar el Camino de Santiago, de orar ante la tumba del Apóstol de Jesús, de rezar el Credo, de confesar esos días, de la Misa de los Peregrinos. Es el significado del Jubileo, la alegría del perdón y de la reconciliación con los hombres y con Dios Nuestro Señor,  que nos da la vida, que nos da lo que tenemos, que nos ilumina en este camino duro, complicado y difícil que es la vida. La alegría interior que uno experimenta al entrar en Santiago, en la Plaza del Obradoiro, y luego en la Catedral es inexplicable. No sabría bien decir a que se debe, como no sea, que te das cuenta  de que has andado todo el Camino de Santiago junto a  Jesús, como los discípulos de iban camino de Emaús y no se enteraron de quien era el que iba con ellos hasta el final.

 

 

MI CAMINO A SANTIAGO

 

Alberto José Rodríguez López

 Una de las mejores experiencias de mi vida fue hacer el camino de Santiago, no creo que exista algo semejante, puedes llegar a sufrir importantes lesiones y sin embargo te aseguro que darías lo que fuese por volver, ¿como se explica esto?.

Es un misterio, hay que hacerlo para entenderlo, hay que sentir lo que es andar al amanecer por misteriosos bosques llenos de leyendas, sintiéndote parte de la historia, esconderte de la lluvia bajo un hórreo antiquísimo, sentir que el aire ha sido hecho para ti cuando subes un puerto, sentirte en otro mundo cuando pasas al lado de un cementerio un mitad de ninguna parte, sentir como se ha detenido el tiempo en pueblos de 4 o 5 casas, aprender que el mayor trofeo que pueden ofrecerte al acabar la jornada es una simple cama, son tantísimas cosas...

Yo comencé en Orense a unos 130 Km. de Santiago y llegue a la catedral a los 5 días, las etapas que hice fueron Orense-Oseira, Oseira-Lalin, Lalin-Vila de Cruces, Vila de Cruces-Boqueixon y Boqueixon-Santiago.

 Un punto a su favor es la gente que conoces, puedes conocer personas de cualquier país y tratarlos como si os conocieseis de toda la vida y con una complicidad y confianza increíble entre 2 desconocidos.

No importan las creencias religiosas, es un viaje hacia el interior de uno mismo, te cambia la personalidad, te vuelves mas modesto, abierto, fuerte, autosuficiente, agradecido (en una  iglesia leí: el peregrino no exige, agradece). Además ganar el jubileo supone empezar de nuevo tu amistad con   Dios, es decir, aprender de tus anteriores errores para ser mejor cristiano y persona.

Y para finalizar, el desahogo y esparcimiento que supone cruzar una esquina (porque no se ve hasta ese momento) y encontrarte de cara con esa magnífica catedral que es la de Santiago de Compostela, cuando llegué, había un grupo de peregrinos Conquenses que con sus bordones arriba entonaron un canto muy espiritual.
Sin mas,yo, os lo recomiendo , haced el camino de Santiago, os aseguro que no os arrepentiréis. 

 

 

 

VIAJE A SANTIAGO 

Jose Garvi Losa

 La verdad, es que cuando uno vuelve de Santiago después de peregrinar, vuelve cambiado, vuelve más bueno y es cierto, el camino de Santiago es una experiencia única que te marca personalmente y más este año que además de ser Año Santo, ha tenido lugar la PEJ, que ha sido un encuentro de jóvenes cristianos procedentes de toda Europa. En estos encuentros uno se da cuenta de que los jóvenes cristianos responden a la llamada de la Iglesia, que no se esconden , que están ahí, que se puede contar con ellos. Era impresionante ver como cualquier actividad que estaba prevista se llenaba de gente, todo el mundo iba a todo. Pero no nos engañemos el camino hasta llegar a Santiago es duro, no es un paseo, el claro ejemplo es que cuando terminas la primera etapa, acabas pensando que no vas a poder andar más, pero al día siguiente con las ganas y la ilusión que tienes por llegar te pones otra vez en camino. Y al final llegas, unos tardan más que otros pero al final todo el mundo llega, porque el llegar a Santiago es el premio de todo peregrino, es lo que todos queremos, porque la sensación que sientes cuando entras a la plaza del Obradoiro y ves la catedral, no se puede describir o al menos yo no se. Es para vivirlo.

 

 

   

 

 

                  

 

 

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4 Minutos de Buenas Noticias

Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

Responsable de la edición: José Alberto Garijo Serrano

 

5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005