Después del “susto” de la victoria de Bush en las
elecciones norteamericanas, a algunos medios de comunicación españoles
se les “ha olvidado” informar sobre la consulta realizada en once
estados para prohibir el matrimonio homosexual. En los once estados
el resultado ha sido favorable a esta prohibición. Llaman la atención
los casos de Ohio y Michigan, estados no encuadrados en el
tradicional “sur conservador”, y sobre todo el de Oregon, de
mayoría demócrata y favorable a Kerry, que tiene una ley de
eutanasia y donde el año pasado se celebraron 2.900 bodas “gays”,
frenadas después por un juez local. A estos estados se unen Lousiana
y Missouri, que también aprobaron en referéndum este año
modificar sus constituciones para que definieran el matrimonio como unión
sólo de un hombre con una mujer.
La sociedad norteamericana, nos guste o nos pese, tiene una larga vida
democrática. Los ciudadanos eligen desde el “Sheriff”
local hasta el Presidente nacional, y frecuentemente someten a referéndum
cuestiones de interés general. No podemos olvidar que el movimiento
“gay” tiene sus raíces en esa nación, y conocen y conviven con
este fenómeno mucho más que otras naciones. Su Unión vivió en el siglo
XIX la crisis provocada por los mormones, partidarios de la poligamia.
Valoran la libertad personal, viven como les da la real gana, pero cuando
se toca el matrimonio y la familia, bases de la sociedad, saben que no se
puede jugar. España... es diferente.