Juan Pablo II y los sacerdotes pederastas

28 de abril de 2002

El mundo de hoy
      

Discurso del Papa a los Cardenales de Estados Unidos (23 abril 2002)

Conferencia Episcopal de Estados Unidos

Cuando los curas son noticia (16 marzo 2003)

Juan Pablo II y los sacerdotes pederastas (28 abril 2002)

Informe de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos sobre abusos a menores por sacerdotes (28 marzo 2004)

Desde hace dos décadas la Iglesia norteamericana ha debido hacer frente a denuncias por abusos de menores, por parte de sacerdotes y religiosos. A pesar de que el problema ha afectado al 4,3 por ciento los sacerdotes de EEUU, ha desatado una crisis sin precedentes. A este terrible asunto se refirió con dolor el Papa en la Carta a los sacerdotes para el Jueves Santo de este año.

La Iglesia siempre ha tomado medidas estrictas para proteger al máximo la confianza que los cristianos depositan en los sacerdotes, sobre todo en lo que se refiere a la confesión, y a su función educativa con niños y jóvenes. A los infractores se les aplican severas penas que van desde la excomunión, la expulsión del estado clerical, y otras. Pero algunos obispos norteamericanos mal aconsejados se habían  limitado a cambiar de lugar al sacerdote problemático, someterlo a un tratamiento psicológico, con la esperanza de su regeneración. Los resultados han sido nefastos.

En otros tiempos, la “prudencia” aconsejaba resolver los escándalos a puerta cerrada y sin salir a la luz pública. Pero este Papa tan sorprendente, que ya rompió moldes con la petición de perdón por “las culpas de los hijos de la Iglesia” durante el Jubileo, ahora se ha adelantado a cualquier expectativa, y ha decidido hacerle frente a la luz de la opinión pública mundial. Por ello esta pasada semana se reunió con los cardenales norteamericanos y, contra lo que cabía esperar, decidió publicar su sentido y claro discurso del pasado martes 23 de abril: “la gente necesita saber que no hay lugar en el sacerdocio y en la vida religiosa para quienes podrían dañar a los jóvenes”. El Papa de la defensa de la dignidad de la persona humana a rajatabla estaba dolido de este abuso de los más débiles por parte de quienes debían dar ejemplo de santidad. El Papa está convencido que reconocer la verdad, y actuar con valentía, traerá a la Iglesia una mayor purificación, necesaria para evangelizar hoy.

El periodista Ramón Pi decía en ABC el pasado 25 de abril: “El Papa Juan Pablo II ha demostrado, con su inmediata reacción a afrontar el gravísimo problema, cuánta razón le asiste cuando dice, aludiendo a sus dificultades de andar, que la Iglesia no se gobierna con los pies, sino con la cabeza. Su llamada a Roma a los cardenales estadounidenses y su importante y vigoroso discurso significan, entre otras muchas cosas valiosas, que los graznidos que reclaman su dimisión (sobre todo en el seno mismo de la Iglesia) carecen no sólo de una mínima fe en el Espíritu Santo, sino también de fundamento humano razonable”

 

 

Actualizado: 10 de junio de 2005