El
próximo 19 de marzo la Diócesis de Albacete celebra el “Día
del Seminario”. El 27 de noviembre de 1953, hace poco más de 50
años, el Seminario Diocesano empezaba a funcionar, al paso que daba
sus primeros pasos la recién creada Diócesis de Albacete.
Desde
hace 50 años han pasado por el Seminario Mayor y Menor más de 1.500
alumnos, de los que han llegado a ordenarse 175 sacerdotes.
Prácticamente la casi totalidad de los sacerdotes de nuestra diócesis,
de 73 años para abajo, a excepción de los procedentes de la diócesis
de Toledo, han sido alumnos de nuestro Seminario. De nuestro Seminario
han salido también cinco obispos; tres de ellos han sido
formadores (D. José Delicado, D. José María Larrauri, D. Alberto
Iniesta), y otros dos se han formado aquí y son obispos en África (D.
Anacleto Sima Ngua en Guinea, y D. Ángel Floro, en Zimbabwe).
El
Seminario ha pasado por distintas etapas. Atravesó la crisis
que afectó a todos los seminarios de España en los años ’70,
y en aquellos años se decidió trasladar el Seminario Mayor a Moncada
(Valencia), para que los seminaristas pudieran recibir una mejor formación
intelectual en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer de
Valencia”. En los años ’80 remontó el número de
seminaristas, y se planteó volver a Albacete. El curso ’92 el
Seminario Mayor volvía a impartir clases en Albacete, con casi 30
seminaristas. En los últimos años ha descendido su número, y en la
actualidad hay cuatro alumnos en el
Seminario Mayor.
¿Razones
para este descenso de vocaciones? Baja natalidad, culto al materialismo,
comodidad, miedo al compromiso, sociedad cada vez más secularizada...
¿Situación desesperada? No, por supuesto. “Tranquilidad y
buenos alimentos”. Es fundamental que la gente vea al cura
de su parroquia contento con lo que hace, enamorado de Jesucristo y
entregado a la gente; un cura feliz es la mejor “propaganda” para
las vocaciones. Es fundamental que las familias cristianas sean
verdaderas escuelas de fe y de generosidad; las vocaciones saldrán de
familias cristianas. Es fundamental que todos recemos al “dueño
de la mies” que envíe obreros. Rezar, y trabajar, lo que hemos hecho
siempre. ¿Vendrán vocaciones? Seguro que sí. Las que Dios quiera, ni
una más, ni una menos. La Iglesia es de Dios, y Dios tiene más interés
que nosotros.