Estas
son las palabras del Papa recogidas en su Mensaje para la Cuaresma del
año 2004, dedicado a los niños. Juan Pablo II recuerda la
necesidad de “hacerse pequeño como un niño” para vivir la
conversión cuaresmal, y la invitación de Jesús a “acoger a los
niños en su nombre”. Afortunadamente, dice el Papa, “muchos son
los creyentes que buscan seguir con fidelidad estas enseñanzas del Señor.
Quisiera recordar a los padres que no dudan en tener una familia
numerosa, a las madres y padres que en vez de
considerar prioritaria la búsqueda del éxito profesional y la carrera,
se preocupan por transmitir a los hijos aquellos valores humanos y
religiosos que dan el verdadero sentido a la existencia. Pienso con
grata admiración en todos los que se hacen cargo de la formación de
la infancia en dificultad, y alivian los sufrimientos de los
niños y de sus familiares causados por los conflictos y la violencia,
por la falta de alimentos y de agua, por la emigración forzada y por
tantas injusticias existentes en el mundo.”
Junto con este
aspecto positivo, el Papa denuncia que “hay menores profundamente heridos
por la violencia de los adultos: abusos sexuales, instigación a la
prostitución, al tráfico y uso de drogas, niños obligados a trabajar,
enrolados para combatir, inocentes marcados para siempre por la
disgregación familiar, niños pequeños víctimas del infame tráfico
de órganos y personas”.
El
Mensaje fue hecho público el pasado 29 de enero por el arzobispo Paul
Josef Corde, quien recordó que 2,5 millones de niños en el mundo
sufren de Sida, y que estos pequeños, que “llevan ya en sí la
semilla de la muerte, mueren porque no tienen medicinas”. Cordes
anunció también que la Santa Sede emitirá un sello dedicado a
estos niños, con cuya venta espera recaudar 500.000 euros que se
destinarán a la construcción de un centro para niños huérfanos de
Sida en Kenia. El proyecto está dirigido por el jesuita Angelo D’Agostino,
que recordó que en Kenia mueren diariamente 400 personas por Sida. Y
calificó de auténtico “genocidio” la política económica
de las organizaciones farmacéuticas, que obtuvieron en 2002 beneficios
por 517.000 millones de dólares. El abaratamiento de los precios de
los medicamentos contra el Sida ha sido el caballo de batalla de la
Santa Sede en los foros mundiales.