Una
inscripción, que sería una de las primeras referencias históricas a la
existencia de Jesucristo, ha sido encontrada grabada en la piedra de un osario
(caja funeraria para depositar huesos de un difunto) al parecer del siglo I
de nuestra era, según aparece en el número de noviembre de la revista
norteamericana Biblical
Archaeology Review, que vio la luz el martes pasado. La inscripción “Jacob,
hijo de José, hermano de Jesús” está escrita en arameo, lengua
próxima al hebreo, y según el reconocido epigrafísta francés André
Lemaire, que firma el artículo, muestra una forma de escritura usada sólo
entre el 10 y el 70 d.C. Los tres nombres aparecidos, “Jacob”, “José”
y “Jesús”, son
bastante conocidos en esa época. Lo que llama la atención es la unión
de los tres, y con esa relación de parentesco común. Lemaire cree que se
refiere a Jacob-Santiago, el líder de la comunidad judeocristiana de Jerusalén,
conocido como “hermano del Señor” (cf. Gálatas 1,18-19).
En
los evangelios aparecen otros personajes denominados “hermanos de Jesús”
(cf. Mt 13,55-56), aunque esta expresión no implica “ser hijos del
mismo padre o madre”, sino simple parentesco; incluso Jesús llama a sus
apóstoles “hermanos” (cf. Mt 28,10). La inscripción de la urna
confirmaría que Jesús en esa época (sobre 70 d.C.) era un personaje muy
conocido ya, y su “familia” tendría un prestigio social.
Lo
extraño del asunto es que la urna, de unos 50 cm., ha aparecido en una colección
privada en Israel, adquirida en el mercado de antigüedades. Se ignora la trayectoria
anterior del hallazgo antes de ese momento. Por eso entre algunos
especialistas corre el rumor de que se trate de una falsificación,
como otras que han ocurrido en la historia de la arqueología. La ciencia
arqueológica no reconoce ningún valor a hallazgos de los que no se tengan suficientes
garantías, y éstas incluyen precauciones como constancia del lugar de
aparición, datación basada en la estratigrafía y en estudios de cerámica del
lugar, monedas u otros indicios, circunstancias del descubrimiento, estudios y
análisis adyacentes, publicación en revistas científicas. Nuestro famoso
osario carece de estas garantías. Las únicas pruebas aportadas son los análisis
del Geological Survey of Israel, confirmando que la arcilla de la
urna procede del área de Jerusalén, y que la pátina de que está
recubierta parece indicar que estuvo guardada en un lugar húmedo. ¿Es
esto garantía suficiente de su autenticidad? El director de l’Ecole
Biblique de Jerusalén, Jean-Michel Tarragon, se mantiene escéptico,
y declaraba a la agencia AFP: “Como historiador de la antigüedad semítica,
dudo que la ‘familia de Jesús’ tuviera un grado de popularidad antes del 70
d.C., y que la mención del ‘hermano de Jesús’ haya sido puesta en
referencia a la supuesta popularidad del personaje de Jesús en
esta época arcaica” . ¿Verdadera o falsa? El tiempo lo dirá
todo.