El
5 de enero pasado, Juan del Río Martín, obispo de Asidonia-Jerez,
dedicó a la violencia doméstica la primera carta pastoral del año.
El título: “Violencia doméstica: ¡no seas su cómplice!”.
El motivo: el año 2004 se abrió con la triste noticia de una nueva víctima.
En 2003 habían muerto 68 mujeres y 10 hombres por violencia doméstica.
En su carta, el obispo dice: “Ante los malos tratos de mujeres y niños,
a veces hay un silencio cómplice (o cobarde) de vecinos, amigos
y conocidos, que se amparan en vagas expresiones como “son cosas de
los matrimonios” o “de puertas para adentro, cada casa es un
mundo”. Creo que es momento de decir claramente: ¡Basta ya de
considerar la violencia doméstica como un mero asunto privado!”.
La atención
a las víctimas corre a cargo fundamentalmente de Cáritas, a
menudo en colaboración con instituciones públicas. La Xunta de
Galicia ha acordado recientemente financiar un programa de Cáritas
Diocesana de Santiago contra la violencia familiar por valor de
173.062 euros. Cáritas Interparroquial de Hellín anunciaba en
su página web el trabajo que llevan sus voluntarios en el campo de la
violencia doméstica