Iglesia y violencia doméstica

 

El mundo de hoy
          

 

La Iglesia y la violencia doméstica
"Violencia doméstica: ¡No seas su cómplice! (Carta de Juan del Río Martín, obispo de Asidonia-Jerez)
Acción social de Cáritas con la mujer
Cáritas Interparroquial de Hellín
Xunta y Cáritas lanzan un programa para erradicar la violencia doméstica (El Correo Gallego)
Directorio de Pastoral Familiar

He estado mirando estos días cómo se está llevando a cabo la lucha contra la violencia doméstica en España. Me he quedado asombrado de que aproximadamente el 80 % de las acciones de prevención y de ayuda a las víctimas esté en manos de instituciones católicas. De entre ellas destaca Cáritas. A la sociedad le está saliendo rentable apoyar a las instituciones católicas que trabajan en el campo social. Un ejemplo: en noviembre Cáritas Diocesana de Santiago inició un plan de prevención de la violencia doméstica financiado por la Xunta de Galicia con 173.062 euros. En países del Tercer Mundo, Cáritas es la única institución capaz de hacer frente a la gran lacra de la violencia en el hogar. Fefa, una misionera albaceteña, está trabajado con mujeres en San Carlos (Nicaragua), ciudad hermanada con Albacete. Y más cerca de nosotros, las Cáritas Interparroquiales de Hellín y Almansa  tienen talleres de ayuda a mujeres y programas de prevención y seguimiento del problema. Realmente, me quito el sombrero delante de los hombres y mujeres de Cáritas, gente voluntaria, de la calle, que no les gusta el ruido ni las cámaras ni los debates televisivos, pero que se desviven por el que sufre, y que están, como dice el lema de la última campaña, “Donde están los últimos”. Gracias a ellos todos hemos conocido mejor las causas y consecuencias de la violencia doméstica, y gracias a ellos se puede ver una luz de esperanza en estas tragedias que produce el ser humano. Entre predicar y dar trigo, han elegido dar trigo. ¿Qué pasaría si un día Cáritas decidiera declararse en huelga? ¿Qué sería de este mundo si esta gente decidiera no trabajar más por los últimos?

La labor de Cáritas y de otras instituciones católicas la conocen bien las personas que sufren en su carne el horror de la violencia doméstica y la marginación. Entre otras cosas, porque hasta en la España aconfesional y postcristiana, los pobres acuden a las puertas de las iglesias a pedir ayuda. Más de un transeúnte ha dormido en casa de un cura (y no me extrañaría que hasta de un obispo). Más de una mujer maltratada, después de hablar con una religiosa, ha sacado coraje para hablar y seguir luchando. No sé si irán también a las puertas de partidos políticos y otras sedes. Como esto no lo conozco, no afirmo ni niego nada.

Los que no se enteran del rollo son algunos personajes públicos. Decir que la Iglesia es insensible, o aun culpable, de la violencia doméstica, cogiendo por los pelos una frase aislada del Directorio de Pastoral Familiar de los obispos, da risa. O da pánico. Me huelo que algún personaje público está en la higuera; y esto lo digo esforzándome en no pensar mal. Pero creo que entre predicar y dar trigo, han elegido predicar. De acuerdo que no todos los obispos y curas predican bien, pero estos nuevos predicadores laicos desde luego lo hacen fatal. Una sociedad no se dirige sumando votos o comprando adhesiones, sino llenando los corazones de esperanza. La acción y la palabra de la Iglesia, aunque no pretenda gobernar (¡Dios nos libre!), y aunque meta la pata muchas veces, se dirige a los corazones de la gente. Gracias a Dios, a la Iglesia no le interesa el voto ni la popularidad. Pero sin lugar a dudas, el futuro de la sociedad está en manos, no de quienes tengan más votos, sino de quienes sepan ofrecer a las nuevas generaciones razones para vivir y razones para tener esperanza.

(Artículo de opinión de José Alberto Garijo Serrano, publicado en Cartas al Director en el diario "La Tribuna de Albacete")

 

         

   

 

                  

 

 

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Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

Responsable de la edición: José Alberto Garijo Serrano

 

5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005