Confianza - amistad -
exigencia: éste parece ser el secreto de la gran sintonía que existe
entre Juan Pablo II y la juventud. Juan Pablo II confía en los jóvenes,
sabe que la juventud es una etapa rica de la vida rica, en la que el
corazón está a flor de piel, y uno tiene necesidad de darlo todo con
generosidad. Al mismo tiempo, ha sabido hacerse amigo, compañero; el
Papa les escucha y conoce sus ilusiones y sus preocupaciones. Y por eso,
porque confía en ellos y les quiere, por eso también puede y sabe exigirles,
exigirles con cariño.
El encuentro con los jóvenes
españoles en Cuatro Vientos el 3 de mayo de 2003 fue realmente inolvidable.
Inolvidable por el número de participantes: unos 800.000 jóvenes
acudieron a la cita. La mayor reunión de jóvenes españoles de toda la
Historia, y uno de los encuentros más multitudinarios de los que el Papa ha
tenido con jóvenes. Inolvidable por el entusiasmo de todos. Pero
inolvidable sobre todo por el ambiente de oración y de silencio.
Cuando el Papa comenzó la oración diciendo "En el nombre del
Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" se hizo un silencio
impresionante. Allí todo el mundo rezó.
Impresionantes los
testimonios de los jóvenes. Fueron palabras escritas desde el corazón.
Son los que se recogen en esta sección. Detrás de ellas hay mucha vida.
Oyéndolas, o leyéndolas, uno no se puede quedar indiferente.
Necesariamente uno se tiene que preguntar, ¿y yo qué hago con mi vida?
Ciertamente, una vez más,
debemos reconocer que se cumplen proféticamente las palabras del Concilio
Vaticano II: "el
porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las
generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar" (Gaudium
et Spes 21)