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Dios
todopoderoso, que
derramaste al
Espíritu Santo sobre
los apóstoles, reunidos
en oración con María, concédenos, por
intercesión de la Virgen, entregarnos
fielmente a
tu servicio y
proclamar la
gloria de tu nombre con
testimonio de
palabra y de vida. |
El
cristiano es alguien que ha respondido a una llamada a la santidad
y al apostolado. ‘Apóstol’ es una palabra griega que
significa ‘enviado’. Cristo es ‘apóstol del
Padre’, porque el Padre lo envió. Él nos ha contado todo lo que sabe
de su Padre Dios. Después de resucitar, les dijo a los discípulos:
“Como el Padre me envió, también yo os envío” (Jn 20,21). Desde
ese momento, la Iglesia es ‘apostólica’, misionera.
Tiene como principal deber anunciar a Cristo a todos.
María
es modelo de esa Iglesia que porta a Cristo a los demás. Antes del
nacimiento de Jesús, cuando lo lleva en su vientre, visita a Isabel (cf.
Lc 1,39-56), y le lleva la alegría del evangelio. Ella lo muestra también
a los pastores y a los magos. De forma especial, después
de la resurrección, está presente en la primera comunidad cristiana,
unida a la oración de los apóstoles, que esperan el Espíritu Santo
en Pentecostés. El Espíritu Santo es la fuerza principal
que impulsa a la Iglesia a ser misionera. Por todo esto, la Iglesia
entera y cada uno de los cristianos hemos estado seguros de la presencia
de María al lado de cada misionero y de cada evangelizador. Por esta
razón, llamamos a María ‘Reina de
los Apóstoles’.
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