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Oh
Dios, que
por medio de santa María enviaste el
consuelo a tu pueblo, Jesucristo,
nuestro Señor, concédenos, por
intercesión de la Virgen, estar
llenos de todo consuelo para
que podamos consolar a
nuestros hermanos |
En la Biblia se llama “consuelo de Dios” a las acciones con
las que Dios viene en ayuda de su pueblo sometido a la opresión. El
mayor consuelo que Dios ha enviado a los hombres ha sido su hijo Jesús.
El anciano Simeón, que esperaba “el consuelo de Israel” (Lc
1,25), bendice a Dios al tener a Jesús niño en sus brazos. Santa María
Virgen se llama “Madre del consuelo” o “Consoladora de los
afligidos”, porque por medio de ella Dios envió al “consuelo de su
pueblo”, que es Cristo. Ella, cuando estuvo junto a Cristo que sufría
en la cruz, mereció esa felicidad prometida por el Evangelio:
“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” (Mt
5,5). Después de la resurrección de su Hijo, recibió ese
consuelo, y por eso puede consolar a sus hijos en cualquier lucha (cf. 2
Cor 2,3-5). El Concilio Vaticano II dice que “La Madre de Jesús...
precede con su luz al pueblo
de Dios peregrinante, como signo de esperanza segura y de consuelo” (Lumen
Gentium 68). Es venerada por la diócesis de Turin, la Orden de san
Agustín, y el Instituto de Misiones de la Consolata. En el Himno de
la Virgen de Cortes, la veneramos como “amparo, consuelo, refugio
y solaz”.
(La
imagen está tomada de The
Marian Library/International Marian Research Institute en la University
of Dayton)
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