| Miguel
Payá, "María, Esposa del Espíritu Santo", en "Ungidos
por el Espíritu" |
Jamás,
en ningún momento de la historia, se ha dado una implicación
tan total y profunda entre Dios y una creatura humana, como en
María. La relación de la Virgen de Nazaret con las tres
divinas Personas nos hace experimentar el vértigo del misterio
y nos obliga a prorrumpir en estas palabras extasiadas de
Francisco de Asís: «Santa María Virgen, no hay ninguna igual
a ti, nacida en el mundo, entre las mujeres; hija y esclava del
Altísimo Rey, el Padre celeste, Madre del Santísimo Señor
nuestro Jesucristo, esposa del Espíritu Santo; ruega por
nosotros».
La
imagen de la relación nupcial entre el Espíritu y María, está
queriendo expresar dos realidades. Primera, que nunca el Espíritu
de Dios ha penetrado tanto en una persona humana, adueñándose
totalmente de ella, transformándola y convirtiéndola en puro
instrumento suyo, como lo hizo en la Madre de Dios. Y segunda,
que nunca una persona se ha dejado poseer y guiar por el Espíritu
con total disponibilidad y confianza como María. De ahí que la
acción del Espíritu en María sea un lugar privilegiado para
comprender mejor su acción en todos nosotros.
(Miguel
Payá, “María, Esposa del Espíritu”, en Ungidos por el
Espíritu)
(La
imagen está tomada de Galería
Ágora marianista)
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Dios
santo y misericordioso,
que
te complaces en habitar
en
los humildes,
y
cumples en ellos,
por
medio de tu Espíritu,
las
maravillas de la salvación,
mira
la inocencia
de
la Virgen María
y
danos un corazón
sencillo
y humilde,
que
sepa responder
positivamente
a
todo signo de tu voluntad.
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