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Si
se levantan
los
vientos de la tentación,
si
te arrastran
hacia
los acantilados
de
la desesperación...
mira
la Estrella,
invoca
a María.
Si
están a punto de ahogarte
las
olas de la soberbia,
la
ambición, la envidia,
la
rivalidad...
mira
la Estrella,
invoca
a María
(San
Bernardo)
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Se
llama a María “Estrella de la mañana” porque ella anuncia
el Sol naciente, la Luz verdadera, que es Cristo. Ella no brilla
por sí misma, sino que es un reflejo de Cristo. Cuando María aparece,
entonces tenemos la seguridad de que detrás de ella viene Cristo. Él
está cerca. Él es, como dice el libro del Apocalipsis, el Alfa y la
Omega, el Principio y el Fin. María es la Aurora que anuncia el gran Día,
que es Cristo.
La expresión “Estrella de la mañana” está tomada del Apocalipsis.
Cristo dice a sus iglesias: “Yo soy la raíz y el retoño de David, la
estrella brillante de la mañana” (Ap 22,16). A su vez, el Apocalipsis
toma esta imagen de la profecía de Balaam: “Una estrella
avanzará hacia Jacob” (Nm 24,17).
Muy cercana es la expresión “Estrella del Mar”, con
la que llamaron a la Virgen antiguos escritores como San Jerónimo
(siglo IV), Isidoro de Sevilla (siglo VI), Alcuino de York o Rábano
Mauro (siglo IX). Pascasio Radberto dice: “María es la Estrella del
Mar a la que debemos seguir con nuestra fe y comportamiento mientras
damos tumbos en el mar proceloso de la vida. Ella nos iluminará para
creer en Cristo nacido de ella para nuestra salvación”.
(La
imagen está tomada de Galería
Ágora marianista)