Madre Inmaculada

5 diciembre

Los nombres de la Madre

 

 

“Pudo, quiso, luego lo hizo”. Las palabras del beato Juan Duns Escoto, simples y al mismo tiempo con una lógica aplastante, nos ayudan a entender esta obra del Dios que es la Inmaculada Concepción de la Virgen María. “Pudo, porque era Dios. Quiso, porque era Hijo. Luego lo hizo, porque era Dios y también Hijo”.

            Los cristianos hemos tenido siempre le convencimiento de la plenitud de santidad de la Virgen. Dios la hizo así, porque era una “mujer especial” para una “misión especial”. Esta santidad de María abarca su vida entera, porque ningún rincón de su corazón ni ningún momento de su vida estuvo oculto a los ojos de Dios. Ella es la “Panagia”, la “Todasanta”, como la llaman los cristianos orientales. Por eso, el pueblo cristiano ha ido tomando conciencia de que su santidad se remonta al primer instante de su existencia terrena, el momento de su concepción. En ella no existía ni siquiera la sombra del pecado original. Ella es la primera redimida de Cristo. Ella es el comienzo de esta humanidad redimida que es la Iglesia. En ella el ser humano recupera la juventud y la hermosura que el pecado le había robado.

 

En verdad 

es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

Porque preservaste 

a la Virgen María

de toda mancha 

de pecado original

para que 

en la plenitud de la gracia

fuese digna madre de tu Hijo

y comienzo e imagen 

de la Iglesia,

esposa de Cristo,

llena de juventud 

y de limpia hermosura.

Purísima había de ser, Señor,

la Virgen que nos diera 

el Cordero inocente

que quita 

el pecado del mundo.

Purísima la que, 

entre todos los hombres

es abogada de gracia

y ejemplo de santidad

 

     

   

 

                  

 

 

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4 Minutos de Buenas Noticias

Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

Responsable de la edición: José Alberto Garijo Serrano

 

5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005