María
es la única mujer que puede llamar a Jesús de verdad “mi
hijo”, como también el Padre puede decir de Jesús “Tú
eres mi Hijo” (Mc 1,11). Por su parte, Jesús llama al Padre
“Abbá”, “Papá” (cf. Mc 14,36), mientras dice “mamá”
a María, poniendo en este nombre todo su cariño de hijo.
El evangelio de Juan dice que los parientes de Jesús
“no creían en él” (Jn 7,5), y san Marcos dice que
“fueron a llevárselo, porque decían que estaba loco” (Mc
3,21). Sin embargo, las disposiciones interiores de María
fueron distintas. Por eso, cuando a Jesús le anuncian “Tu
madre y tus hermanos están ahí fuera y desean verte” (Lc
8,20), Jesús responde: “Mi madre y mis hermanos son aquellos
que oyen la palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,21). Por eso
María es un modelo de la escucha de la palabra de Dios y
de su docilidad a ella.
Entre los aspectos de su maternidad, María asumió el
compromiso de educar a su Hijo. Muchos gestos que
vemos en Jesús posiblemente los aprendió de su Madre. Ella
misma le enseñó las oraciones de la fe judía. Jesús
recibió de María una verdadera educación. Por otro lado, María
también se dejaba formar por su Hijo.
(La
imagen está tomada de Galería
Ágora marianista)