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Madre
del Redentor,
virgen
fecunda,
puerta
del cielo siempre abierta,
estrella
del mar,
ven
a librar al pueblo
que
tropieza y quiere levantarse.
Ante
la admiración
de
cielo y tierra
engendraste
a tu santo Creador,
y
permaneces siempre virgen.
Recibe
el saludo
del
ángel Gabriel,
y
ten piedad de nosotros,
pecadores. |
Se
llama a María “Puerta del Cielo” porque a través de ella
Dios vino del cielo a la tierra. Algunos Padres de la Iglesia aplicaron
a María estas palabras del profeta Ezequiel: “La puerta quedará
cerrada, y ya no se abrirá, y ningún hombre entrará por ella, hasta
que el Señor Dios de Israel pase por ella, y quedará cerrada para el
Príncipe, y el Príncipe en persona se sentará en ella” (Ez 44,1-3).
La imagen de la “puerta del cielo” recuerda también el sueño de Jacob
en Betel (Gn 28)
María no sólo ha sido el camino por el que Cristo, Dios
hecho hombre, ha venido a nuestro mundo, sino que ella ha colaborado
con la totalidad de su ser a que la venida de Cristo fuera
posible. Esta importante misión
de María sigue estando
presente en la vida de la Iglesia y de la humanidad de hoy.
Ella sigue siendo el camino por el que Dios viene a nosotros. San
Alfonso María de Ligorio dice en las Glorias de María:
“María se llama Puerta del Cielo porque ninguno puede entrar en esta
dichosa mansión si no pasa por ella”. La expresión aparece recogida
en antífonas marianas como “Ave Maria Stella”, “Alma
Redemptoris”, y “Ave Regina Coelorum”.
De las Homilías
marianas de San Andrés de Creta
(En la Anunciación)
Con
razón eres bendita, pues te ha bendecido Dios y has sido su tabernáculo,
cuando inefablemente llevaste en tu seno a Cristo Jesús, verdadero
hombre del todo lleno de la gloria del Padre y verdadero Dios, pues
posee perfectamente ambas naturalezas. Bendita tú, verdaderamente, a
quien Ezequiel denominó ... Oriente y puerta cerrada por la
que sólo Dios había de pasar y de nuevo quedaría cerrada. Puerta
del cielo, por la cual solamente ha pasado el Señor de los cielos y a
nadie ha permitido el paso, ni antes, ni después del Él.
Si
el cielo es la felicidad eterna, el lugar donde reside Dios y donde
estamos destinados a vivir felices por toda la eternidad, la puerta de
entrada es muy importante. Resulta que la puerta se llama María. Al
cielo se entra por María. Quien ama a María, quien le tiene gran
devoción, tiene el boleto asegurado y la puerta abierta para entrar.
Su sí a Dios abrió la puerta que estaba cerrada. Ella nos abrirá la
puerta de la felicidad eterna; nos dará un abrazo cariñoso. y nos
presentará a Jesús y al Padre. ¡Cuanta ilusión me da el pensar en
ese momento!
A medida que conocemos a la Virgen, nos vamos enterando de su gran
importancia en esta vida y en la otra vida. María nos es completamente
necesaria e indispensable. Y los que opinan de otra manera, muy su opinión,
que respetamos, pero andan muy equivocados.
Abrir la puerta, y encontrarnos con María Santísima es el comienzo del
cielo, su preludio, el inicio del éxtasis eterno que comienza...pero no
terminará jamás...
(La
imagen está tomada de Galería
Ágora marianista)
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