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Oh
Virgen María,
Salud
de los Enfermos,
que has acompañado a Jesús en el camino del Calvario
y has permanecido junto a la cruz en la que moría tu Hijo,
participando íntimamente de sus dolores,
acoge nuestros sufrimientos y únelos a los de Él,
para que las semillas esparcidas durante el Jubileo
sigan produciendo frutos abundantes en los años venideros.
Madre
misericordiosa, con fe nos volvemos hacia Ti.
Alcánzanos de tu Hijo el que podamos volver pronto,
plenamente restablecidos, a nuestras ocupaciones,
para hacernos útiles al prójimo con nuestro trabajo.
Mientras tanto, quédate junto a nosotros en el momento
de la prueba y ayúdanos a repetir cada día contigo nuestro
"sí",
seguros de que Dios sabe sacar de todo mal un bien
más grande.
Virgen
Inmaculada, haz que los frutos del Año Jubilar
sean para nosotros y para nuestros seres queridos,
prenda de un renovado empuje en la vida cristiana,
para que en la contemplación del Rostro de Cristo Resucitado
encontremos la abundancia de la misericordia de Dios
y la alegría sin fin del Cielo.
Amén!
(Juan
Pablo II) |
“Salus
infirmorum” significa al mismo tiempo “salud de los enfermos”,
“salvación de los enfermos”, “salvación de los débiles”. En
definitiva, esta invocación de María recuerda su presencia en el mundo
del sufrimiento humano. “Presente
y entera al pie de la Cruz, esperando en oración y sin desfallecer con
los discípulos al Espíritu que congrega y da vida a la comunidad del
Resucitado, María se convierte, de alguna forma, en presencia
invisible pero eficaz en todo sufrimiento humano, en compañera e
intercesora en el largo camino de la esperanza, en mujer experta en
el arte de vivir y de morir, de gozar y de sufrir” (Comisión
Episcopal de Pastoral, Día del Enfermo 1999).
Desde Lourdes hasta la más remota ermita la
peregrinación a un santuario acompaña muchas veces de la petición
de la salud. Algo se remueve dentro de nosotros cuando tocamos de cerca
la enfermedad, propia o ajena. Se pone a prueba la autenticidad
de muchos de nuestros compromisos, y también la fortaleza de nuestra
fe. Se presiente cercana la Cruz del Señor. María, al pie
de la Cruz, en nuestra enfermedad, abre muchas veces las puertas de
nuestro corazón a Dios.
(La
imagen está tomada de The
Marian Library/International Marian Research Institute en la University
of Dayton)
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