¿Dañan las discusiones el matrimonio?

21 de julio de 2002

Cuidar el matrimonio

Hay quien puede pensar que un matrimonio se rompe por discutir acaloradamente. Pero nuestra experiencia nos demuestra que hasta las parejas felizmente casadas pueden tener peleas a gritos. Los matrimonios felices no son nunca uniones perfectas. Discuten, como todos, de lo mismo: el dinero, el trabajo, los niños, el mantenimiento de la casa, la familia política... El misterio es cómo logran moverse con desenvoltura a través de esas aguas turbulentas.

            Parecer que el secreto de un matrimonio feliz es que están basados en una profunda amistad entre ellos. Los cónyuges se conocen íntimamente, conocen sus gustos, la personalidad, las esperanzas y los sueños de su pareja. Muestran gran admiración y respeto el uno por el otro, y lo expresan no sólo con grandes gestos, sino con pequeños detalles diarios.

            La amistad entre los cónyuges ofrece la mejor protección contra los sentimientos negativos hacia la pareja, que posiblemente surjan en la relación. Un matrimonio que vive así ha alcanzado un nivel alto de estabilidad positiva, las discusiones influyen menos en su distanciamiento. En seguida, después de una discusión, recuperan el “equilibrio”.

            La mayoría de los matrimonios empieza con un grado alto de “equilibrio positivo”. Les parece imposible que algún día se pueda romper. Pero a menudo esto no dura mucho. La irritación, la rabia, el resentimiento, pueden crecer hasta el punto de que esa “amistad” se vuelve inexistente. Finalmente, los sentimientos negativos hacia el otro triunfan sobre los positivos. Todo se interpreta mal. Llegados a este punto, puede parecer difícil volver al punto de partida. Hay que hacer  un esfuerzo por revivir la amistad primera.

 

 

 

 

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5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005