Matrimonio clínicamente muerto

28 de julio de 2002

Cuidar el matrimonio

Cuando una relación anda mal, no sólo corre peligro el presente y el futuro de la pareja, sino también el pasado. La mayoría de las parejas se casan con grandes esperanzas y expectativas. En los matrimonios felices, los cónyuges miran atrás con cariño, tienden a recordar los momentos buenos en lugar de los malos. Recuerdan lo bien que se sentían al principio, lo emocionante que fue conocerse, y lo mucho que se admiraban. Cuando hablan de los tiempos difíciles, glorifican las luchas a que se enfrentaron juntos. Pero cuando una pareja va mal, la historia se escribe de nuevo, pero para peor: les resulta difícil recordar el pasado, no se acuerdan de nada bueno, y nunca encuentran recuerdos positivos de la otra persona.

            Cuando una pareja llega a este punto, el fracaso es casi inevitable. En la superficie puede parecer que no pasa nada: no discuten, no muestran desdén, hablan con calma... Pero lo cierto es que el matrimonio está clínicamente muerto. Algunas personas abandonan el matrimonio divorciándose. Otras lo hacen simplemente viviendo vidas separadas bajo el mismo techo. La convivencia se convierte en un tormento. Según John Gottmann, existen cuatro etapas finales que señalan la muerte de una relación:

1.       Considerar que los problemas matrimoniales son muy graves.

2.      Hablar parece inútil. Cada uno intenta solucionar los problemas a solas.

3.      Empiezan a llevar vidas separadas

4.      Se sienten solos. Llegados a este punto, uno de los dos puede tener una “aventura”, que por lo general es un “síntoma” de la muerte de un matrimonio, y no su “causa”.

            Pero “nada acaba hasta que todo se acaba”. Incluso en este momento, es posible, y vale la pena, hacer renacer la amistad.


 

 

 

 

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Hoja semanal de la Parroquia de la Santísima Trinidad y del Santuario de Nuestra Señora de Cortes (Alcaraz - Albacete)

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5 de junio de 2005. nº 141

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Actualizado: 10 de junio de 2005