El primer año de casados

1 de septiembre de 2002

Cuidar el matrimonio

Al comenzar su convivencia, la pareja casada debe llegar a una gran cantidad de acuerdos (reparto del trabajo dentro del hogar, pautas para las relaciones exteriores, para tomar decisiones, para las relaciones sexuales, para el ejercicio de la autoridad... ). Sin estos acuerdos explícitos o implícitos, la convivencia sería un infierno.

            Las crisis en este período se vehiculan en torno a los primeros desacuerdos: cada miembro de la pareja ha llegado al matrimonio con unas expectativas y aspiraciones distintas por lo cual pronto aparecerán los primeros desacuerdos. Si no se encaran bien, acarrearán amargas frustraciones y les irán convirtiendo en personas fácilmente irritables y extremadamente críticas. La relación con las familias de ambos suele tornarse problemática: los padres – y más frecuentemente las madres – tienden a inmiscuirse demasiado en asuntos y decisiones del nuevo matrimonio. Delimitar los campos sin romper precipitadamente o ceder al miedo a oponerse, será una tarea en algunos difícil y hasta dolorosa. Suelen aparecer también las primeras desilusiones: durante el noviazgo se había idealizado al otro y ahora se empieza  a ver tal como es. Aceptarle así es una necesidad que tiene su dificultad, pero es absolutamente necesaria y puede contribuir a la maduración de la pareja. Aprender a convivir desde la verdad y la pobreza de cada uno, sin hacerse daño, supone todo un trabajo no fácil.

            No es fácil la convivencia durante el primer año de matrimonio. Si en vez de intentar dar una imagen de pareja feliz, los nuevos esposos se atreven a pedir ayuda cuando lo necesitan, las cosas discurrirían de otra manera.

 Manuel SÁNCHEZ Monge, “Serán una sola carne...” Estudio interdisciplinar sobre el matrimonio y la familia. (Sociedad de Educación Atenas; Madrid 1996) p. 220-221.

 

 

 

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Actualizado: 10 de junio de 2005