Artículo
publicado por Gianfranco Ravasi en la sección "Il Mattutino"
del diario L'Avvenire el 11
diciembre 2004
Dos
son las interpretaciones tradicionales sobre la kippá (el famoso
gorrito que llevan los hebreos ortodoxos). Según la primera, significa
el acto de adoración y de humildad ante la grandeza de Dios. La segunda
sugiere, sin embargo, que sirve para que el toldo de nuestros
pensamientos puedan subir hasta Dios.
Moni
Ovadia contaba una vez esta consideración seria y al mismo tiempo
irónica, y no dudaba optar por la segunda interpretación. Obviamente,
la verdadera desde el punto de vista teológico es la primera, pero la
otra nos parece más adecuada a todos, y por tanto sería útil que
idealmente nos buscáramos un gorrito o un sombrero. El hervidero de
nuestros pensamientos es, de hecho, continuo en ese magma en el que hay
de todo. Quizá algún lector haya visto la película En qué piensan
las mujeres, donde Mel Gibson, a causa de una descarga eléctrica,
consigue oír los pensamientos de las mujeres convertidos en palabras.
¡Si nos ocurriera de verdad que dejáramos transparentar de forma
sonora y audible nuestros pensamientos!
En
nuestro cerebro hay, ciertamente, de todo: está el grano y la
cizaña, la dulzura y el veneno, la santidad y la obscenidad, el amor y
el odio, en una mezcla extraña y la mayor parte de las veces
maloliente. Tenía razón el gran Pascal cuando afirmaba que "el
principio de la moral es pensar bien" (no el "bien
pensar", que a menudo es sólo hipocresía y engaño). Purificar el
corazón es también para la Biblia encontrar la limpieza de la
conciencia y de las elecciones, tirando fuera toda la porquería y la
basura interior. Para seguir con Pascal, en su obra maestra, los
Pensamientos, señala: "El hombre está hecho para pensar: es toda
su dignidad y su tarea. Pero todo su deber es pensar como se debe".