Artículo
publicado por Gianfranco Ravasi en la sección "Il Mattutino"
del diario L'Avvenire el 25
noviembre 2004
Cuando el cielo
está sereno / como bella es la vida / de repente una nube / anuncia que
la traición existe. Estos versos tan simples pero ciertos son de Cesare
Zavattini (1902-1989), escritor pero también guionista cinematográfico,
conocido por su vivacidad, sinceridad, ironía. Me quedo en estos versos
leyendo los bellos ensayos sobre el cine recogidos en el volumen “Gli
occhi d’oro” (“Los ojos de oro”) de Lella Ravasi Bellocchio (Moretti
& Vitali) que aproxima a las tramas del cine itinerarios humanos
descubiertos en su actividad de psicoanalista. La idea que Zavattini nos
propone es, en la práctica, la síntesis de la vida de todos. Cuando
estamos inmersos en el solaz de la felicidad, el corazón late loco de
alegría, los labios se abren casi espontáneamente al canto. Es la
fiesta de la vida, del amor, del éxito.
Pero de
improviso una nube oscurece el sol. Aparecen de repente los fantasmas de
la duda, la voz alegre se apaga, la mirada se oscurece. Es significativo
que Zavattini haya usado la palabra “traición” para indicar la
oscuridad que aparece en el horizonte. A menudo la infelicidad está
ligada a un amor terminado, violentado, humillado. Puede ser sobre todo
el amor de la persona que estaba en tu corazón y que deberías haber
arrancado de esa sede, pero te era imposible. Pero podría ser también
la desilusión por un ideal frustrado, de un sueño roto, de un proyecto
fracasado. Y es precisamente en el día oscuro en el que se mide el
coraje de vivir y la grandeza de la persona. Por otro lado, para
entender la alegría es necesario el dolor, porque “el sufrimiento es
el hilo con el que está tejida la tela de la alegría” (H. de Lubac)