Artículo
publicado por Gianfranco Ravasi en la sección "Il Mattutino"
del diario L'Avvenire el 27
noviembre 2004
El arte más fácil
es el de ganar dinero... y la áurea mediocridad de los hombres tiene
una maravillosa actitud para ello.
Quien hace esta
consideración no es un moralista o un psicólogo, sino un célebre crítico
literario del siglo XVIII, Francesco De Sanctis, en un ensayo sobre el
epistolario de Leopardi. Contrariamente a cuanto se cree, él afirma que
ganar dinero no requiere una particular genialidad, sino esa “áurea
mediocridad” que no se plantea muchos problemas y que avanza sin
complejos acumulando dinero sobre dinero, riquezas sobre riquezas,
fincas sobre fincas, etcétera. Es curioso notar que, hace tiempo,
leyendo textos muy distintos entre ellos, descubrí la misma idea sobre
la ganancia creciente.
De un lado
estaba Giovanni Della Casa (estamos en el siglo XVI), que escribía a su
sobrino: “Cuesta más trabajo ganar el primer mil, que después, con
el primer mil, el décimo y el vigésimo”. Por otro lado, en el siglo
XVIII Jean-Jacques Rousseau confesaba: “El dinero es semilla de
dinero, y la primera libra es a veces más difícil de conquistar que el
segundo millón”. Es necesario, por tanto, desbancar la idea de que el
rico sea también hábil, inteligente, significativo, capaz de hacer
otras cosas más importantes que el puro y simple ganar dinero. El
dinero a menudo es como las cerezas, la una tira de la otra en un
crescendo que, sin embargo, no es infinito y no borra la fragilidad de
las cosas terrenas. Cuando hace años visitaba las excavaciones de
Pompeya una guía nos decía que sobre una casa sepultada por la lava se
encontró el letrero: “La ganancia da la felicidad”. Sabemos que ésta
no es una verdad definitiva, pero nos apresuramos a ocultarla bajo la
ilusión, o buscamos creer en ella.